El discurso de López Obrador en la sesión protocolaria de la transmisión de la banda presidencial reitera en ilación lógica sus propuestas de campaña y las acciones que ha venido adelantando desde que le fue reconocido el triunfo electoral. Reafirma su convicción del cambio que desea para México, fuera el modelo económico neoliberal, mejor otro de desarrollo compartido que redistribuya la riqueza en México. El eje sobre el cual gira su programa de gobierno es la anticorrupción: a menor corrupción más dinero para el desarrollo económico y para abatir los índices delincuenciales en el país. No habrá más impuestos, sí en cambio nueva refinería y baja del precio de la gasolina cuando ésta funciones dentro de cuatro años; Santa Lucía va adelante. Esta interesante pieza oratoria, plena de compromisos a futuro, genera esperanzas, confianza en que ahora sí México alcanzará el anhelado progreso económico para todos; pero en México esa renovada esperanza es sexenal, lo mejor será no alentar demasiadas expectativas, porque si bien constituyen la expresión sincera de un político con auténtica vocación social, enfrenta una realidad más terca que el propio López Obrador.