Serpientes y Escaleras

En menos de 24 horas, la tragedia y el luto que envolvió al estado de Puebla, se transformó en un conflicto político. A la sorpresa y la conmoción de un accidente envuelto en toda clase de sospechas y especulaciones, siguieron los señalamientos y acusaciones que lo mismo se expresaron en forma de videos falsos en las redes sociales que en gritos de “¡asesinos!” contra altos funcionarios del gobierno federal en la ceremonia luctuosa en la que ayer se despedía a la gobernadora panista Martha Erika Alonso y al senador y exgobernador, Rafael Moreno Valle.
Y es que el terrible accidente aéreo en el que murió la pareja de poder en Puebla —en circunstancias aún no aclaradas— no sólo fue un duro golpe al morenovallismo y al PAN, en medio del reciente conflicto poselectoral que vivió el estado, sino que por la forma y el momento en que se suscitó la tragedia, se contaminó rápidamente del enrarecido ambiente político, a pesar de la rápida reacción del presidente Andrés Manuel López Obrador y de su gabinete de Seguridad y Comunicaciones, que no han dejado de informar desde el primer momento sobre los avances de las indagatorias del lamentable suceso iniciadas con una rapidez inusual para nuestro país, pero necesaria y urgente ante la rápida e inevitable politización del caso.
Las primeras interrogantes, de las muchas que rodean a la tragedia poblana, fueron respondidas ayer por elementos de la Marina, que descartaron la presencia de explosivos o de alguna otra sustancia en los restos calcinados de la aeronave. El equipo investigador, encabezado por el secretario Alfonso Durazo y los subsecretarios de Comunicaciones, está apurando las investigaciones y deberá concretar también rápidamente la ayuda de organismos internacionales especializados en este tipo de accidentes, para arribar pronto a una conclusión clara y contundente de lo que ocurrió en esa zona del estado de Puebla, entre Huejotzingo y Coronango. La presencia internacional en las indagatorias será crucial porque, tal y como está la politización del tema, a los especialistas del gobierno no les van a creer sus conclusiones.
La relevancia política del caso estriba no solo en la presencia de una de las dos únicas gobernadoras mujeres, que además de ser de un partido de oposición ganó la gubernatura en medio de fuertes impugnaciones de Morena, el partido dominante del presidente López Obrador, quien aunque aceptó el fallo de los tribunales, descalificó política y democráticamente el triunfo de Alonso a cuya toma de posesión no quiso asistir. También está en un primer plano la figura de Rafael Moreno Valle, exgobernador y coordinador del PAN en el Senado, una figura política tan prominente como polémica, que se había convertido en uno de los principales líderes de la oposición política en el país.
Por algo la ceremonia luctuosa de ayer fue convertida por el PAN y los dolidos morenovallistas en un acto político en el que se lanzaron acusaciones abiertas contra el gabinete lopezobradorista. Puebla es el bastión, tanto del Yunque como de la extrema derecha, y es previsible que tanto Acción Nacional, como sus aliados, busquen sacarle ventaja política a esta tragedia y se metan de lleno a la elección extraordinaria que tendrá que ser convocada para demostrar que Morena no es invencible e infringir la primera derrota al partido del Presidente, con miras al 2021 y elecciones intermedias.
Es por eso que al gobierno lopezobradorista le urge un rápido y total esclarecimiento del caso. Por otro lado está la región en la que ocurre la tragedia, marcada por la presencia del crimen organizado que controla el robo de combustibles. El llamado “huachicoleo” bordea este accidente, no sólo porque en la zona donde cayó el helicóptero se han registrado varios incidentes violentos en los últimos meses y años, como ataques a fuerzas federales y del Ejército por parte de comandos armados de huachicoleros, sino porque al grupo político de Moreno Valle se le ha vinculado con personajes que participaban en esa industria. Si no hubo explosivos en la aeronave, como dice la Marina, ¿pudo tratarse de disparos desde tierra que hicieron perder el control del helicóptero al piloto y caer “de cabeza” como ayer reportaron los primeros datos? Eso es algo que tendrán que arrojar o descartar las investigaciones.
Otro elemento a considerar es la marca del helicóptero en el que viajaban la gobernadora y su esposo, cuyos fabricantes fueron invitados a participar en las investigaciones. En los últimos 11 años 8 helicópteros Augusta han caído en México con 13 víctimas fatales, entre ellos nombres tan conocidos como el empresario Moisés Saba Masri en 2010 o Luis Armando Hinojosa García, hijo del dueño de Grupo Higa, que falleció al caer su helicóptero en junio de 2012. Comparados con otras marcas como Bell o Eurocopter, Augusta tiene una incidencia alta de accidentes. Algo pasa con esa marca en nuestro país, aunque tiene fama de ser muy segura a nivel internacional. Los fabricantes defienden su producto diciendo que sus helicópteros se caen en México, pero no en otras partes del mundo, lo que pudiera deberse a malas prácticas de mantenimiento.
En cualquier caso, si se trató de un accidente o de un atentado, como se especula en las redes sociales y en el mismo PAN, el informe de la comisión investigadora formada por el gobierno federal tendrá que conocerse muy rápido, antes de las elecciones extraordinarias, que según la Constitución de Puebla tendrán que celebrarse entre 3 y 5 meses, para elegir a un nuevo gobernador o gobernadora, al no haberse cumplido el requisito de 2 años para nombrar a un gobernador sustituto, pues Alonso apenas tenía 10 días de haber tomado posesión.
Y mientras se sabe con certeza lo que paso y por qué cayó el helicóptero —aunque ya se aclaró el misterio del “quinto pasajero” y hoy se sabe que éste era el asistente personal del senador Moreno Valle, Héctor Baltazar Mendoza—, en los corrillos políticos de Puebla ya se afirma que hay otra víctima, al que se refieren con sarcasmo político como “el sexto pasajero”, y ese es el excandidato de Morena a la gubernatura, Miguel Barbosa. Y es que la posibilidad de que Barbosa pudiera ser de nuevo candidato, en una elección extraordinaria, se ve cada vez más difícil por el ambiente polarizado y enrarecido en la entidad poblana.
Al exsenador Barbosa podría pasarle el síndrome de “Manuel Camacho”: tras la magnicidio de Colosio, quedó imposibilitado de ser candidato y cargó con un rechazo popular y con gritos de “asesino” en el funeral del priísta. Ayer en una entrevista radiofónica le preguntaban de la tragedia al excandidato de Morena, que desde el principio lamentó y se sorprendió, cuando a Barbosa se le salió en alguna parte de sus comentarios la palabra “este tipo de magnicidios”. Y cuando el entrevistador le pidió explicar por qué hablaba de magnicidio, rápidamente corrigió: “me equivoqué, usé mal la palabra”.