Uno de los principios sobre el cual se sostiene nuestro andamiaje jurídico postula el lema: “todos somos inocentes hasta que no se demuestre lo contrario”, recoge la consigna de Ulpiano: “Es preferible dejar impune el delito de un culpable que condenar un inocente”. A ese concepto se atienen quienes han estado transitoriamente en la cárcel como resultado de sus tropelías en tiempos de Duarte de Ochoa y hoy pasean en libertad, olvidando que la sociedad ya los ha categorizado, pero se atreven a manifestarse víctimas de la arbitrariedad desde el poder, y lo peor, parece que desde el propio gobierno estatal se les propician oportunidades aun cuando siguen sujetos a proceso. Así, a causa de la combinación de abogados mediáticos y la prisa por derrumbar al Fiscal, presenciamos una comedia en la cual quienes se enriquecieron súbitamente a costa de los veracruzanos resultan palomas “inocentes”