Jaime Ríos Otero

El original Museo de Ciencia y Tecnología, hoy Museo Interactivo de Xalapa, acaba de cumplir 26 años el pasado 12 de noviembre, pues fue inaugurado en 1992. Muchos adultos que bordean la treintena, y que hoy son padres, pasaron muchas horas de su niñez recorriendo excitados sus amplias salas repletas de ingeniosos juegos didácticos que les indujeron al fascinante mundo científico. Y todos los habitantes de la ciudad nos maravillamos al tener contacto directo con la experiencia espacial de la NASA y la entonces inconcebible pantalla IMAX, para películas de gran formato. La publicidad decía que era la primera en América Latina.

Y sí, tan vanguardista fue, que antecedió al célebre Papalote Museo del Niño, que fue abierto al año siguiente, en 1993, pero con un enfoque similar, de proyectar a las nuevas generaciones hacia el conocimiento mediante el aprendizaje significativo vía experiencias interactivas, con experimentos, juegos y convivencia.

Creado en el gobierno de Dante Delgado, pasó con éxito el de Patricio Chirinos pero sufrió su primer embate en el régimen de Miguel Alemán, que construyó un feo armatoste en la prolongación de la calle Bolivia y dividió el acervo del Museo de Ciencia. Envió allá los primorosos modelos automotrices, aéreos y navales para crear un Museo del Transporte y redenominó al sitio original como Museo Interactivo de Xalapa.

Al igual que todos los activos del Estado, sufrió sin embargo su propio saqueo con Fidel Herrera Beltrán y Javier Duarte de Ochoa, cuyos niveles de ratería infame no respetaron bienes patrimoniales, recursos en efectivo, vidas ni valores de los veracruzanos, como sabemos y sufrimos todos.

Pero hoy el nuevo Gobierno del Estado asesta un golpe despiadado a la ciudad al ordenar el Cierre del Museo Interactivo, en lo que parece una broma de mal gusto, por tratarse la capital de Veracruz del centro intelectual de la Entidad, pero por si fuera poco, porque la alcaldía es ocupada por un científico reconocido y respetado en los círculos del saber.

No sólo importa la nostalgia de los miles, acaso millones de veracruzanos, que asocian sus experiencias vitales al Museo, sino la función básica que cumple como ente divulgador de la ciencia y la tecnología, como resorte impulsor para que los niños y jóvenes se interesen por la química, la biología, la astronomía, la física, la ecología, etcétera, que son disciplinas imprescindibles si se quiere tener una sociedad que tienda al desarrollo y al progreso.

Un futuro sin científicos es condenar a cualquier nación al atraso, a la ignorancia y a la superstición medievales. Pero no será posible tenerlos si no son estimulados desde las primeras edades, si no se enriquece su imaginación con proyectos que les permitan conocer, experimentar, participar, explicarse el universo, sentirse parte de la responsabilidad social y cuestionar su entorno.

Por ello, la ciudad debe alzarse en defensa de su Museo y no permitir que neoaspirantes a burócratas la despojen de una de sus riquezas; el Ayuntamiento debe protestar e igualmente debieran hacerlos los legisladores federales, Ricardo Ahued Bardahuil y Rafael Hernández Villalpando, ambos ex alcaldes y seguramente dispuestos a dejar la impronta de su paso por la vida en la ciudad que les dio su confianza para proyectarse adonde están.

La pasividad social debe dar paso a la proactividad en defensa de lo que vale para todos, porque la experiencia de la desidia, el desinterés y la abulia han demostrado que la autosuficiencia de personajes como Fidel Herrera, Javier Duarte y Miguel Ángel Yunes es capaz de destruir en poco tiempo lo que tardaremos tanto en reconstruir.