Reza conocido refrán mexicano que “tanto peca quien mata la vaca como el que le agarra la pata”, es un sabio pensamiento aplicable con justeza al caso del señor Tarek Abdalá, quien por triquiñuelas o complicidades legales está librándose de ser presentado ante los tribunales como uno de los más conspicuos cómplices de Duarte de Ochoa en el saqueo a Veracruz. Porque ahora se nos muestra como un “inocente” servidor a las órdenes del gobernador a quien, siempre obsecuente, obedecía en la entrega de cantidades millonarias de dinero. Él solo obedecía al gobernador, sin embargo, estaba consciente del desvío de dinero “etiquetado” para uso social y eso configura un delito, solo que por traicionar a su ex jefe adquiere una condición parecida a la de un testigo protegido. Con esa manifestación de impunidad legalizada se estimula el robo al erario, el convite incluye lecciones sobre cómo burlar la ley.