Con el transcurrir del tiempo y las indagaciones sobre la recurrente pederastia en los recintos consagrados al rito católico se va difuminando el olor a santidad en torno a la imagen de Pablo II. El Cardenal Joao Braz Aviz, prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada,  propina duro golpe a la llamada santidad de los Papas de la Iglesia Católica, pues son de gran impacto sus revelaciones sobre el ocultamiento desde el Vaticano de la pederastia de Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, documentada desde 1943, según la revista católica Vida Nueva. Particularmente refiere el caso del Papa Juan Pablo II, quien ponderaba a Maciel como apóstol de la juventud, cuando no era sino “el mayor depredador sexual en la historia…” Muerto Juan Pablo II, su sucesor, Benedicto XVI, mandó a Maciel al retiro “a la penitencia y la oración”, después de toda una vida de “crápula” al “servicio” de la Iglesia. Lo peor, según la referida revista, Marcial “iba para santo” (¡!). Esa información constituye una auténtica bomba contra el corazón eclesiástico, de consecuencias devastadoras