Lo acontecido este miércoles en Chinameca debe servirle al gobernador Cuitláhuac García de invaluable experiencia para en lo sucesivo tomar en cuenta lugar y circunstancia de las reuniones a las que asiste. Los gobernadores, en razón de su encargo, no están exentos de ser agredidos así sea verbalmente en actos de reunión masiva de gente; una multitud es maleable por naturaleza, y si previamente se le concientiza para una tarea de provocación se convierte en potencial peligro. Además, a leguas se observa que quienes tienen la tarea de resguardar la seguridad del gobernador no están haciendo bien su trabajo pues, de entrada, no midieron el peligro considerando lo que acontece en aquella región. ¿El reclamo es realmente por la construcción del relleno sanitario o porque interferiría en el tétrico trasiego del lugar? Basta con revisar los índices delincuenciales para conocer la boca del lobo. Si un gobernante quiere parecer “muy cercano al pueblo” lleva siempre consigo un muy discreto, casi invisible, cuerpo de seguridad y previamente se reconoce el escenario al cual se acude, si no se hace,  es entonces cuando sucede lo que sucede.