Uno de los personajes más enigmáticos de la historia del hombre es Alejandro Magno, el mitológico gobernante del imperio macedónico de hace 2 300 años; uno de los misterios más sonados refiere a su muerte, por envenenamiento o por alcoholismo como se lo ha registrado la Historia. En reportaje publicado por Milenio, Katherine Hall, profesora de la Universidad de Otago, en Nueva Zelanda, asegura que Alejandro “perdió la vida como resultado del trastorno neurológico del Síndrome de Guillain-Barré (SGB)”; reseña que el cuerpo no entró en descomposición inmediata porque “no estaba muerto”, solo se debía a “la disminución de la demanda de oxígeno, reducirían la visibilidad de su respiración”. Murió seis días después del diagnóstico de su muerte, por ello no hubo inmediata descomposición del cuerpo, que en su tiempo dio margen para que sus gobernados le atribuyeran categoría de un Dios. Nada cambia la grandeza de Alejandro, pero ayuda a recordar que detrás de la figura del héroe está la condición mortal del hombre que lo encarna.