AMLO, los periodistas y los medios

Prosa aprisa
Arturo Reyes Isidoro

La mañana había amanecido lluviosa y así salimos de Xalapa. Una intensa lluvia acompañada de un fuerte norte caía en toda la costa. Cuando ya nos enfilábamos hacia el aeropuerto Heriberto Jara Corona del puerto de Veracruz, de pronto aquello se transformó en una fuerte tormenta.
Grandes avenidas de agua cubrían la carretera y de pronto el inexperto cuanto fantoche chofer, un joven que acababa de llegar de la Ciudad de México, quiso lucir su pericia ante el grupo de reporteros que viajaba en la camioneta y aceleró la unidad.
Antes de que alguien le dijera que no lo hiciera, la camioneta empezó prácticamente a bailar sobre el agua y de pronto chocamos contra el muro central que dividía los carriles de ida y venida, casi frente a las instalaciones de Tamsa; rebotamos varias veces y casi nos chocó un autobús que iba atrás de nosotros, hasta que fuimos a caer a una cuneta.
Viajábamos un grupo de reporteros que cubría las actividades del gobernador Dante Delgado (1988-1992). Era un pool de prensa que lo acompañaba en forma permanente.
Dante fue un gobernador que no solo recorrió por tierra uno a uno los entonces 210 municipios para sostener reuniones con sus habitantes y representativos, sino que permanentemente realizaba giras de trabajo por toda la geografía estatal. El día del accidente íbamos a integrarnos con él en la terminal aérea donde esperaba a un funcionario agrario con quien realizaría un recorrido.
Salvo cortaduras que sufrimos algunos, el susto y golpes que recibieron otros, por fortuna pudimos seguir trabajando luego de que nos rescataron y nos pusieron otro vehículo.
Pero a raíz de eso, consciente del riesgo al que estábamos expuestos porque los viajes y recorridos eran frecuentes, tomó una decisión que hasta la fecha ningún otro gobernante ha repetido: decidió comprar y pagar un seguro de vida para cada uno de los reporteros de su fuente; las pólizas nos las entregó en una sencilla ceremonia que se realizó en la Sala de Banderas del Palacio de Gobierno.
Sin duda le interesaba nuestra seguridad y se preocupaba por nosotros y por nuestras familias. Se lo agradecimos y nos motivó a ponerle más ganas a nuestro trabajo.
Esto me lo recordó un comentario que leí ayer en la columna “Confidencial” de El Financiero donde se destacó que no solo por primera vez se vio a elementos de la Policía Federal y del Ejército en el recorrido que realizó el presidente López Obrador por dos municipios mexiquenses para llamar a sus pobladores a que ya no roben más gasolina, sino que por fin dejó su Jetta y se pasó a una camioneta negra, aunque no blindada, gira en la que: “Por cierto, los reporteros que cubrieron el evento sí fueron escoltados por elementos militares”.
Fue obvio que AMLO, sabiendo que iba a zona de riesgo por posibles represalias por parte de los afectados por el combate al huachicholeo, ordenó su protección, no quiso exponerlos. Estimulante para los reporteros, sin duda alguna. Eso fue el martes.
Sobornos no, publicidad sí
Ayer miércoles abrió su conferencia matutina adelantando que presentaría el programa de comunicación social del Estado mexicano.
Luego de su exposición, ante la pregunta de una reportera, anunció el fin de la subvención a periodistas, “ya no va a haber el llamado ‘chayote’, se acaba el soborno a medios y a periodistas”.
Anunció que se transparentará lo que tenga que ver con la publicidad oficial para que todos sepan cómo se está distribuyendo el recurso, con qué criterios, el alcance que tengan los medios, su independencia, que sean autónomos, no sólo del gobierno.
Agregó otros elementos: que la publicidad tenga que ver con la dimensión social de los medios, también si son de empresas o de profesionales del periodismo. “En fin. Una serie de factores que se tendrán que tomar en consideración”.
Puntualizó que lo de la publicidad de gobierno no es un favor a los medios, ya que estos, sean públicos o privados, tienen una función social; “son entidades de interés público, porque informan”.
Con algo más: “tenemos también en el Estado la obligación de apoyar que no se cierren los medios, ayudar”. Dijo que una manera de hacerlo en todos lados es que no se emplee mál el presupuesto, porque es dinero de todos los ciudadanos, “lo que está mal es la corrupción… que el presupuesto se utilice de manera tendenciosa; que se dé publicidad a quienes hablan bien del gobierno y no entregar apoyos a los opositores. Eso es lo que está mal”.
Expresó que tiene que haber presupuesto para la difusión, la publicidad, con el propósito de garantizar el derecho a la información y, además, apoyar a los medios.
“En un sistema democrático es fundamental que existan los medios de información y que existan los medios de información que sean necesarios, no limitar el número de medios de información recortando la posibilidad de que tengan recursos por publicidad. Eso es lo que nosotros estamos haciendo”.
Desde luego, tuvimos que bajarle porque era mucho, ahora sí que se pasaban. Entonces, poquito, porque es bendito”.
Me parece oportuno que cuando inicia el sexenio se informe sobre una política fundamental: la de comunicación social. Si se cumple lo que anunció ayer López Obrador, entonces la población saldrá ganando porque estará más y mejor informada. Se fortalecerá la opinión pública. Es de creerse que los lineamientos que fijó ayer aplicarán para todos los gobiernos de Morena, estatales y municipales. Ya veremos en los hechos.

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