Es a todas luces cierta la dificultad para aceptar con resignación una derrota electoral, más aún si el margen entre la victoria y la derrota es estrecho, como sucedió en la elección municipal de Monterrey, N.L., en la que resultó ganador Adrián de la Garza, del PRI. Esa fue una segunda ronda electoral, pues en una primera el Tribunal Electoral encontró motivos suficientes para anularla, dejando sin oportunidad a Felipe de Jesús Cantú, del PAN, quien había obtenido mayoría de votos. Ahora, en la elección repetida cambiaron los papeles y quien demanda ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial la anulación es Jesús Cantú, alegando que el priista excedió los gastos permitidos para la campaña: “El tope de gastos autorizados era de dos millones 102 mil 717 pesos. El PRI y su candidato Adrián Emilio de la Garza Santos, con lo que se le ha contabilizado del estudio realizado en los días de campaña es de tres millones 309 mil 820 pesos, rebasando el límite por un millón 207 mil 084 pesos…”. ¿Y ahora, qué sigue?