Rúbrica

Por Aurelio Contreras Moreno

Vaya que el gobernador de Veracruz, Cuitláhuac García Jiménez, tendría que cuidar muy bien con quién se reúne en privado.

El “cuatro” que le pusieron al mandatario veracruzano -que fue exhibido a través de unos audios publicados en medios de la Ciudad de México, en los que se le escucha analizando las opciones que tienen en su “cruzada” para destituir al yunista Jorge Winckler Ortiz como fiscal general, y la necesidad de apresurar el proceso para designar a los once magistrados que faltan para integrar completamente el Tribunal Superior de Justicia del Estado- revela, además de una inmensa ingenuidad, un descuido inaceptable en la operación de los asuntos delicados de su administración.

Si cualquiera puede grabar al gobernador del estado durante una reunión privada –como se infiere que fue la que dio origen a los citados audios, que valga la pena señalar, no tienen ningún valor legal por ser clandestinos-, ¡imagínese lo que puede suceder si es captado hablando de temas más graves, como las estrategias para combatir a la delincuencia!

No le falta razón al presidente del Congreso local, José Manuel Pozos Castro, cuando habla de “traiciones y deslealtades” en el círculo cercano del gobernador García Jiménez. Alguien le está “haciendo la chamba” aprovechando su inexperiencia y falta de “colmillo” y oficio político.

Porque aunado a la difusión de los audios, desde hace varios días se viralizó en redes sociales y, particularmente en mensajes vía Whatsapp, la versión de que Cuitláhuac García Jiménez estaría por presentar solicitud de licencia al cargo que lleva ocupando menos de dos meses.

Incluso, el senador Ricardo Ahued Bardahuil tuvo que salir a desmentir en sus redes otra parte de esa misma versión, que lo ubicaba como el “relevo” de García Jiménez en la titularidad del Ejecutivo estatal: “rechazo de manera contundente los comentarios, por demás inciertos, así como la falta de respeto a su investidura. (…) Los rumores y falsedades en nada abonan a la transformación y estabilidad que demanda Veracruz, y rechazo de manera contundente la falta de respeto y que sea mencionado en comentarios ajenos a la verdad”, escribió el legislador federal.

Tal parece que hay mucho interés por desestabilizar a un gobierno que, dicho sea de paso, no ha demostrado pericia ni coordinación en la operación política y jurídica; que ha perdido demasiado tiempo enfrascado en su pleito contra el fiscal Winckler sin que siquiera haya indicios de que vayan a salir airosos; y que pareciera sin un rumbo claro, sin una directriz ni objetivos precisos, así como lleno de improvisados que no tienen la menor idea sobre administración pública. Menos aún sobre política real.

A eso hay que sumar que el secretario de Gobierno, Eric Patrocinio Cisneros, parece tener una agenda propia que privilegia su promoción personal y que ya ha metido en serios apuros a quien formalmente es su superior, especialmente en aquella ocasión en la que lo metió a una verdadera trampa en el municipio de Chinameca, donde los pobladores literalmente cercaron y “doblaron” al gobernador de Veracruz. ¿Y la operación política previa de la Secretaría de Gobierno? Brillando… por su ausencia.

La imagen que predomina es la de un gobernador débil, acotado, incluso marginado de los círculos de poder real de su propio partido, donde no hacen mucho por cerrar filas en torno suyo, acostumbrados varios de sus militantes al canibalismo político desde que integraban las filas de otros institutos partidistas.

Si García Jiménez no quiere que su gobierno fracase sin siquiera haber despegado, va a tener que dar un manotazo y demostrar que tiene la capacidad de gobernar un estado tan complejo como Veracruz, rodeándose de personas capaces y no solamente de cuates y cuotas.

Y sobre todo, tendrá que cuidarse las espaldas.

 

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