Desde el Café                    
Bernardo Gutiérrez Parra

Este encabezado lo vi en una revista Alarma de finales de los setenta mientras esperaba mi turno en una peluquería.

La nota relataba la historia de un sujeto que asesinó a cuchilladas a su novia durante una posada, minutos después de escuchar la canción “Amarga Navidad” y de que ella le dijera que estaba enamorada de otro galán.

La foto del tipo mirando torvamente a la cámara mientras en la diestra sostenía el cuchillo ejecutor, abarcaba media plana y estaba aderezada con este balazo: “Si a ella diciembre le gustó pa’ que me fuera, a mi diciembre me gustó para matarla”.

De ahí el patibulario encabezado.

En esos años un asesinato de ese calibre daba para que los reporteros de la nota roja le sacaran todo el jugo del mundo hasta que ocurría otra muerte violenta.

Y es que había muertes por atropellamiento, por un incendio, una inundación, una volcadura y por muchos motivos, pero casi no había asesinatos con violencia. Eran tan contados que por eso eran noticia.

Cuando estuve en la Septién, un maestro nos dijo en clase que aquellos sujetos que mataban con una saña fuera de lo común se volvían famosos por la escasez de ese tipo de crímenes. Y nos puso como ejemplo a Goyo Cárdenas y a Las Poquianchis, tan célebres como un rock star.

“En la medida en que las muertes violentas sean más frecuentes disminuirá la fama de estos criminales. Pero el día que los crímenes violentos sean tan cotidianos que rebasen nuestra capacidad de asombro ¡cuidado! Eso querrá decir que México entró en una etapa de descomposición social de la que le será muy difícil salir” sentenció.

Si viviera tendría que darle la razón. En enero de 2009 elementos del Ejército y agentes de la PGR detuvieron a un individuo que según sus declaraciones mató en un solo año a más de 300 personas a las que después deshizo con ácido.

Si este sujeto hubiera cometido sus crímenes en los años cincuenta o sesenta del siglo anterior sería mundialmente conocido, se habrían escrito libros sobre su vida y ensayos sobre su retorcida mente, amén de películas y documentales. Pero en la actualidad ¿alguien sabe cómo se llama El Pozolero? ¿Alguien sabía hasta antes de leer esto quién es Santiago Meza López?

Los crímenes violentos ya no son noticia porque suceden a diario y por racimos en buena parte del territorio nacional. Las víctimas se han convertido en estadísticas y sus victimarios en seres sin rostro.

En el caso concreto de Veracruz, este diciembre se registraron 104 ejecuciones y 24 secuestros. Es decir, hubo en promedio tres asesinatos por día y un secuestrado cada día y medio. Además, en los primeros cinco días de este 2019 ejecutaron a 21 personas entre ellas a dos mujeres.

¿Hay por esto conmoción o alarma en el gobierno estatal? No. ¿El gobernador decretó estado de alerta? Tampoco. ¿La policía dio con los asesinos y secuestradores? Menos.

Lo que sí hay y de sobra, es desasosiego y miedo de una ciudadanía que ya aprendió a vivir así.

Por otra parte, hacer comparativos está resultando frustrante y decepcionante.

¿A poco no te frustra y decepciona lector saber que el primer mes de gobierno de Fidel Herrera fue más violento que el primer mes de Miguel Alemán; que el primer mes de Duarte fue más violento que el primero de Fidel; que los primeros 30 días de Yunes fueron más violentos que los primeros 30 de Duarte y que el primer mes de gobierno de Cuitláhuac resultó más violento que el primero de Yunes?

Que las ejecuciones aumenten y que ya no nos sorprendan es una pésima señal.

Si Gregorio Cárdenas Hernández y las hermanas Delfina, María de Jesús y María Luisa González Valenzuela “Las Poquianchis”, alcanzaron fama mundial al horrorizar con sus crímenes a la sociedad de su época, los criminales de hoy no tienen esa fortuna. ¿Por qué? Porque tiene rato que los crímenes violentos rebasaron nuestra capacidad de asombro.

Ya puede un tipo ejecutar y desmembrar a una docena de semejantes en un día, que no gozará siquiera de la fama efímera de aquel que a finales de los setenta, dijo para la Alarma: “Diciembre me gustó para matarla”.

Reitero, miedo a las ejecuciones y los secuestros si hay y mucho. Pero lo que ya no existe es sorpresa y asombro al saber de estos ataques.

A ese grado ha llegado la descomposición social en Veracruz y en buena parte de este país. Quien diga lo contrario miente.

bernardogup@nullhotmail.com