Serpientes y escaleras
Sin que se conozcan avances en las investigaciones sobre el accidente aéreo que hace dos semanas le costó la vida a la gobernadora Martha Érika Alonso, al senador Rafael Moreno Valle y a tres personas más, en el Congreso de Puebla se aprestan a designar, este sábado, en medio de los últimos jaloneos y negociaciones, al gobernador interino que deberá convocar a elecciones extraordinarias para elegir a un nuevo titular del Ejecutivo estatal.

La designación resultará clave para los comicios que se prevén para el 2 de junio. Y a pesar de los intentos por evitar la designación de un interino partidista para calmar la fuerte polarización política que vive el estado, en el tramo final de los posibles sustitutos está el líder del Congreso, José Juan Espinoza Torres, diputado por el PT aunque con gran influencia en Morena y operador cercano al presidente López Obrador, o el secretario de Gobierno y actual encargado de despacho, Jesús Rodríguez Almeida, morenovallista y exfuncionario de seguridad del gobierno del PRD en la CDMX.

Morena y sus aliados del PT y PES, con su mayoría de 22 diputados, pugnan por designar para el interinato a Espinoza Torres, a quien analistas locales ubican como “el poder real en Morena”, mientras que el bloque morenovallista del PAN, PRD y MC, con 14 diputados empuja a Rodríguez Almeida, y además están los 4 votos del PRI y 1 del PVEM. Es decir, que si se impone la consigna dictada por la dirigente nacional de Morena, Yeidckol Polenvsky, de que “vamos con todo” al reiterar la candidatura de Miguel Barbosa —con todo lo polémico y soberbio que resulta repetir a un candidato que se confrontó hasta el último momento con la gobernadora fallecida— entonces es muy posible que, ante la falta de consensos en el Congreso local, la decisión se tome por mayoría y el gobernador sustituto sea morenista.

Eso significa que la nueva elección será tan tensa, enrarecida y disputada como la primera, con la diferencia de que el morenovallismo ya no tendría el poder para intentar influir en los resultados, pero sí lo podría tener Morena. En los tres meses que se darían para la campaña —si se confirma la fecha del 2 de junio, que empataría a Puebla con los comicios de gobernador de Baja California, donde Morena podría arrasar, y con votaciones locales en Durango, Aguascalientes, Quintana Roo y Tamaulipas— volveríamos a ver reeditada una encarnizada lucha por el poder en la estratégica entidad poblana que, igual que la pasada elección de julio de 2018 podría terminar también en polarización, violencia y conflictos poselectorales.

Porque de un lado el PAN, con el morenovallismo como corriente dominante, buscará ratificar nuevamente en las urnas el polémico triunfo que le dieron los tribunales electorales y mantener a Puebla como bastión panista, a la par de infligirle a Morena y al presidente López Obrador su primer derrota electoral en el poder, con miras a las elecciones intermedias de 2021. Y para lograrlo, los panistas no dudarán en explotar y lucrar con el luto y el voto solidario para su gobernadora y su exgobernador fallecidos trágicamente, apostándole a fenómenos electorales que suelen producirse tras la muerte o asesinatos de candidatos, tal y como ocurrió en la presidencial en 1994 con Luis Donaldo Colosio o más recientemente con el candidato en Tamaulipas, Rodolfo Torre, que en ambos casos de magnicidio, una de las líneas de investigación que aún no se descartan en Puebla, fueron capitalizados de manera contundente en las urnas por el PRI.

Pero del otro lado, en Morena, también saben que ganar Puebla es estratégico para el proyecto no sólo de Puebla, sino para el gobierno de López Obrador. Un triunfo poblano para el partido del Presidente confirmaría que, 6 meses después de ejercer el Gobierno, el lopezobradorismo sigue en la ruta de convertirse en la nueva fuerza hegemónica a nivel nacional. Por eso Yeidckol se lanzó con todo a decir que ganarán Puebla y por eso, en un acto de soberbia cuyo efecto aún es impredecible, decidieron repetir la candidatura de Barbosa, aún con el enorme riesgo de que el electorado pudiera ver un desplante o un acto de insensibilidad y pasarle factura de la muerte de su excontrincante al candidato de Morena, lo cual beneficiaría la apuesta del panismo.

Por lo pronto el sábado se espera “humo blanco” en el Congreso poblano. Y vendrá también la definición del PAN de quién será su candidato, que saldría de entre los morenovallistas Luis Banck y Max Cortázar, o de los panistas Mario Riestra, Juan Pablo Piña y Humberto Aguilar. Y a partir de ahí, Puebla volverá a ser, durante los meses que duren las campañas, más de demonios que de ángeles.

NOTAS INDISCRETAS: Ayer en la reunión anual de embajadores y cónsules el canciller Marcelo Ebrard llamó al cuerpo diplomático a contribuir para rediseñar “la nueva política exterior de México”, pero a la hora que le preguntaron por la polémica decisión de no suscribir el acuerdo de Lima, argumentó la vieja política exterior, la de la “autodeterminación de los pueblos” y la no intervención consagrada en el Artículo 89 constitucional. Eso sí, dijo que “no intervención no significa pasividad, sino respeto a los países” y dijo que para defender derechos humanos en el extranjero, México tiene primero que resolverlos en casa. Total que la nueva política exterior se parece mucho a la vieja, que no es lo mismo pero es igual, ¿Me entiendes chato?… Los dados mandan Escalera doble para el nuevo año.