En toda sociedad, a cualquiera de sus individualidades componentes conviene la buena fama en la convivencia social, allí no cabe lo muy divulgado en política: “que se hable de mí, aunque sea mal, pero que se hable”. No es el caso actual de Tarek Abdalá, uno de los muchos cómplices de Duarte de Ochoa en el despojo a Veracruz. El cuenqueño vive en los Estados Unidos, para esa condición capacidad económica la tiene y ya sabemos cómo la consiguió; pero acaso está preocupado porque su nueva vecindad se entere de su estatus legal en México y del por qué anda por aquellos lares, porque buscó amparo para evitar que su nombre e imagen se ventilara públicamente referido a temas judiciales, pero no le fue concedido ese beneficio. Con la PGR llegó a arreglos a su favor a cambio de entregar información sobre su ex jefe, Javier Duarte de Ochoa, agregando la traición y la ingratitud a sus atributos personales. Para bien no es buen ejemplo Tarek, para mal representa un caso más de impunidad a la mexicana.