Muchas son las lacras que afectan a la nación mexicana, pero la corrupción y la violencia son la de mayor envergadura y tal parece que para combatirlas con éxito no es suficiente la voluntad presidencial sino establecer estrategias bien diseñadas para evitar efectos colaterales tan dañinos como el mal que se pretende combatir, tal como lo estamos comprobando ahora que el presidente decidió dar lucha frontal contra el robo de combustible pero con consecuencias dañinas para el concierto social y económico. Y mientras la violencia prosigue su señorío infernal en todo el país, como lo comprobamos día a día en el sur de Veracruz donde proliferan al por mayor secuestros, levantones y homicidios convirtiendo a sus habitantes en rehenes sin defensa pues la autoridad local luce totalmente superada.