CAMALEÓN

A estas alturas de su noviciado como gobernador de Veracruz, Cuitláhuac García ya debe haber apreciado la sustancial diferencia entre alcanzar grados académicos y la pugnaz actitud que debe caracterizar a un político, si quiere salir adelante en el proceloso ambiente en que debate su existencia. Ya lo ha comprobado con amargas experiencias: hace dos semanas fue Chinameca, y en la que ahora concluye surgió un rumor que lo instaló hipotéticamente al borde de la licencia al cargo, y para rematar un audio difunde la voz del gobernante cuando refiere su estrategia sobre el caso del fiscal general del estado. Cuitláhuac está comprobando cuán veleidosa es la política y lo proceloso del cotidiano acontecer.

Pero nada para asombrar, otros al igual que Cuitláhuac ya han transitado esos caminos, la diferencia radica en que esto apenas empieza y, claro, en la actitud con la que emprende la marcha. Uno de sus antecesores, Javier Duarte de Ochoa, transcurrió su periodo en lúdico romance con el presupuesto y las canonjías del poder, dejando a la entidad bajo su encargo en las lamentables condiciones en que se encuentra (para entonces, su antecesor había sentado cátedra sobre cómo despojar a Veracruz), y su sucesor no aportó soluciones para suponer que era un punto y aparte. No es de ligero peso el paquete legado a Cuitláhuac García.

El escenario frente a Cuitláhuac se conforma de infraestructura urbana, carretera, agrícola y de salud en pésimas condiciones, y del feroz embate de la delincuencia; a ese patético bagaje debe agregarse el compromiso de hacer realidad la denominada Cuarta Transformación, cuyo significado y propósitos van más allá del cumplimiento de los programas de gobierno, porque incluye forma y fondo, modo de gobernar para generar confianza y cumplimiento cabal de lo ofrecido, no conseguirlo dejaría sin sustancia la aún teorética transformación.

“El hombre propone y Dios dispone”, reza conocido adagio aplicable al veleidoso mar de la política en donde se conjugan y confunden multitud de factores, la condición humana y las inevitables circunstancias tienen prioridad. También la génesis social del Movimiento de Regeneración que llevó a Cuitláhuac al gobierno es de vital influencia, dígalo sino la mescolanza de personajes que allí confluyen: priistas, panistas, perredistas y oportunistas evolucionados hacia el morenismo, sin genuino compromiso con el cambio pudieran obstaculizarlo severamente.

Sin duda, la naturaleza humana interviene, más aún cuando el influjo del poder hace presa fácil a los protagonistas, ya que entonces se genera el conocido rejuego de intereses y grupos en pugna, unos porque sintiéndose dueños del Movimiento repudian al recién incorporado, y porque aún procedentes de la misma línea, amables entre sí cuando no se tenía el poder, ahora en él y por él disputan por la mayor tajada. Tal es la ingente tarea de Cuitláhuac García, pues además del deber gobernar con eficiencia enfrenta la belicosa beligerancia de grupos de interés al interior de su línea partidista, y diversidad en su equipo de gobierno, explicable si consideramos de donde proviene cada uno de sus colaboradores.

Por si no bastara, en el nuevo formato de gobierno, enfrente de la estructura estatal se encuentra la estructura federal que, en el caso veracruzano, se combina con el control del partido en el Poder, condición que por si sola constituye un poder paralelo al del gobierno estatal. En estas circunstancias, la naturaleza humana irriga la fuente de los celos y las intrigas. Requerirá de madurez y concientización de los fines que se persiguen para el cabal y sinérgico entendimiento entre ambos grupos de poder, ojalá así sea por bien de Veracruz.

Por la difusión del audio sobre el caso Winckler, en donde el gobernador disertó sobre estrategias a seguir, se confirma la lucha soterrada entre las diferentes corrientes de Morena en la entidad. Reflejadas, por un lado, en una alocada versión difundida en las tenebrosas y poco confiables redes sociales, a Ricardo Ahued se le busca confrontarlo con el gobernador, haciéndolo parecer como su posible sustituto, supuestamente porque éste ha sido expulsado desde la cúpula morenista, fue un rumor sin fundamento lógico pero con fines muy perversos; por otro, da pie para que algunos diputados se desgarren las vestiduras, supuestamente indignados por “la traición” al gobernador; pero son poses insulsas, ponerse a trabajar con vistas a mejorar Veracruz sería la mejor manera de demostrarle lealtad al gobernador. Por su lado, bien harían los del sector Seguridad en “limpiar” los recintos de trabajo del gobernador rastreando aditamentos ocultos sembrados por quien sabe quién.

Por si algo faltara al complicado escenario veracruzano, a la creciente polarización entre corrientes políticas contrapuestas, debemos agregarle la hilarante actuación de los diputados locales, panistas y de Morena. El proceso para conseguir juicio político al Fiscal Jorge Winckler está estimulado lúdicamente por un abogado proclive al exhibicionismo mediático, sopla el fuego y se sirve de los diputados y, pudiera ser, con la complacencia desde algún sector del gobierno, pero ha metido más ruido del necesario a un asunto cuya naturaleza es de inherente seriedad porque intervienen una legislatura y una institución supuestamente autónoma. No se constriñe a un pleito jurídico-político, pues, al margen de los protagonistas, en medio se encuentra una institución cuyo deber ser es de relevante importancia social, ¿cuál será el desenlace? Importa la respuesta, porque independientemente del resultado de este crudo diferendo, y de las fobias y filias del glamoroso pleito, debe prevalecer como principio básico el imperio de la ley. Obviamente, también el decoro en la política.

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