La tertulia

CAMALEÓN

La respuesta fue inmediata, casi lógica; acaso justificada. Era una tertulia muy plural, en la que de inicio un perredista hablaba a sus contertulios acerca de la intromisión del aparato gubernamental del Estado en el proceso electoral veracruzano y pronto encontró respuesta cuando, como impulsados por un resorte, los afiliados al PRI que allí estaban respondieron al unísono: “¿y que se hace si el gobierno federal está metido hasta la cocina en todo esto”? También instantáneamente recibieron la respuesta de los pros azules: “¿Qué acaso pintar de rojo al Estado en temporada electoral no es intromisión del gobierno estatal?”
Reservado, y hasta un poco apartado, el grupo de los convergentes y uno que otro petista escuchaban con atención el intercambio de enfoques que sus contertulios políticos esgrimían. A su interior meditaban que estos siquiera mantenían una disputa definida, mientras que ellos _ Convergencia, PRD y PT¬_ debiendo asumir juntos la contienda, habían menguado sus filas para una disputa comicial en la que cada cual actuó por separado. Demasiado tarde, perdida la oportunidad ahora buscan con afán no quedar relegados uno del otro, aunque respecto de los demás definitivamente se han rezagado con el agravante de que uno de ellos sufre severa crisis existencial.
Un panista de los de nuevo cuño, sin ningún recato expresó que “en el rango de los hechos habría que justificar la acción del gobierno federal, porque lo que importa es ganar el dominio en el Congreso veracruzano y el mayor número de municipios. Al PAN lo que le interesa es, por lo menos, mantener su actual situación política en el Estado, que es envidiable si consideramos el progresivo avance en el control de importantes municipios veracruzanos.
“Ustedes, priístas, ya comieron durante mucho tiempo de ese pastel, no se quejen si el pueblo ya no los favorece, con todo el despliegue publicitario y la teórica simpatía popular de su gobernador, cuyo nombre por cierto no aparecerá en las boletas electorales”.
Esto último no agradó a quien llevaba la voz entre “los rojos”. “Momento, dijo, a Fidel ni lo toques, es el mejor gobernador que hemos tenido, el más político, el mejor preparado para el cargo, un fuera de serie. Muestra de ello es que ni ustedes ni Calderón han podido con él, ni podrán como decía Don Teofilito. Además, le temen porque será el próximo candidato del PRI a la presidencia de la república pues está mejor posicionado que Beltrones, Gamboa, Beatriz y que los gobernadores del Estado de México, Nuevo León y Durango”. Al oír aquel encendido panegírico los presentes intercambiaron miradas y sonrisas y uno de ellos iba a responder pero se lo impidió la fuerte granizada de palabras:
“Por otro lado, a pesar de que ustedes, los panistas, ya aprendieron las viejas mañas que en nosotros criticaban y han demostrado que en corrupción también sacan dieces, nosotros les vamos a ganar el Congreso y les vamos a arrebatar municipios importantes. Por lo demás, extraña que ustedes hablen de “pueblo” cuando nunca han sentido ni sus necesidades ni lo que es vivir en la miseria”.
Un Convergente que entró al tercio, analiza y expone que “al Partido Revolucionario Institucional, particularmente al Gobernador del Estado, le urge una mejor posición en el esquema político estatal, porque si bien el PRI se mantiene en el Gobierno, no se le ha visto con la fuerza suficiente que este hecho supone. Los tres primeros años del gobernador no han sido miel sobre hojuelas porque ha tenido que batallar para mantener cierto control, no del todo conseguido. Es obvio el dolor de cabeza que le significa tener en la conurbación Veracruz-Boca del Río a alcaldes que no le rinden pleitesía y, peor aún, que le oponen marcada resistencia a sus disposiciones.
“Por esta y otras razones nosotros-prosiguió el convergente- creamos la figura de un candidato con perfil ganador y se lo hemos ofertado al gobernador para aligerarle la preocupación de no tener un candidato con posibilidades para Boca del Río. También concedimos obviarle problemas en Xalapa y trabajar juntos si ganamos en Orizaba y Córdoba. Esperemos que cuando nuestro líder nacional plantee abiertamente su candidatura al gobierno del Estado en el 2010, recibamos las muestras de reciprocidad que nuestro actual comportamiento merece. Mmm, aunque….quien sabe”.
Receloso, el perredista escucha y no opina. Se sabe en desventaja. Él sólo pertenece a una de las tantas fracciones de su Partido y está consciente de que éste va en pleno declive y se debate en una crisis existencial de serias proporciones. La integración y ajustes de sus planillas municipales, la renuncia de algunos de sus candidatos así lo demuestran. Además, la discordia con Convergencia es reflejo de lo que ocurre a nivel nacional en su Partido. Flota en su ambiente el rumor fantasmagórico de la creación de un nuevo Partido y el nombre de López Obrador ocupa el centro de ése murmullo.
Despertando de su somnoliento pesar el petista interviene para no quedarse aún más atrás, aunque él bien sabe que su partido vela por su existencia, ya no para ganar. “A nosotros nuestros cofrades nos han discriminado, somos, dicen, el patito feo de la alianza, al menos en Veracruz. Y si a esa vamos hemos de recordarles que en política todo se vale, hasta realizar alianzas subrepticias con nuestros opositores. Aquí vale más la franquicia que el número de afiliados, lo estamos demostrando en Xalapa y otros municipios en donde nos utilizan y utilizamos; todo sea por la sobrevivencia personal, del grupo y, si se puede, también del partido”.
Junto a la nutrida y bien servida mesa de estos contertulios un solitario parroquiano había escuchado con atención a estos salvadores del Estado. Frente a su copa escanciada con modesto licor meditaba que la lucha electoral es dura, palmo a palmo, que requiere de muchos recursos, por supuesto dinero de todos aplicados para la conquista del fin de unos cuantos. Lo que se traduce en una perversión de nuestra democracia electoral, todo por el prurito de conservar o de obtener el poder.
Pensaba también en lo inútil que resulta en esos términos cualquier juego democrático si quienes lo practican, salvo contadas excepciones, no muestran respeto a la norma jurídica ni interés por la comunidad. Miró en su entorno y observó las otras mesas, también plenas de gente, cada cual con su tema, muy ajenos a lo que él había estado escuchando de sus vecinos.
Desalentado, murmuró: “por eso estamos como estamos”. (Este artículo fue publicado en agosto de 2007, vale para la remembranza de un inmediato pasado)
alfredobielma@hotmail.com

Comentar

Botón volver arriba
Shares
Cerrar
Cerrar