El apotegma juarista “El respeto al derecho ajeno es la paz” inspiró la Doctrina Estrada de “no intervención y autdeterminación de los pueblos” fue por muchas décadas el paradigma de México en sus relaciones internacionales. Esa política se mantuvo enhiesta, resistiendo fuertes presiones, como cuando la alharaca de gobiernos tercermundistas de América atendiendo las directrices de los EEUU lograron la expulsión de Cuba de la Organización de Estados Americanos. Aquello fue una agresión del imperio a un país que peleaba por su independencia y soberanía, y por tal motivo defenestró al Dictador impuesto por los intereses estadounidenses. Ese es uno de los episodios más preclaros de nuestra política exterior, nada comparable con el virtual apoyo de ahora a Nicolás Maduro, un usurpador en Venezuela, proscrito de las reuniones internacionales pues Europa y gran parte de América lo repudian, excepto los gobiernos de México, Nicaragua, Bolivia, Cuba, El Salvador, Osetia del Sur y Abjasia, Raul Jadyimba. El ¡Viva México! que exclamó maduro en el recinto donde en lo oscurito retuvo su poder para seguir sojuzgando al pueblo venezolano, nada tiene que ver con la tradición libertaria de México, y sí, en cambio, con aquello de “dime con quién andas y te diré quién eres”.