Quién sabe hasta dónde pretenda llegar Jorge Winckler en su necedad de permanecer como titular de la Fiscalía General del Estado, pero claramente no irá muy lejos porque está siendo sometido a acoso mediático, jurídico y político, si es que de esta última manera se le puede llamar a los desaires y desplantes que le están haciendo desde la estructura central.

Hace unas semanas, apenas saliendo de una reunión oficial en Palacio fue interceptado por un convoy de la policía estatal y la Marina y sometido a revisión y cacheo como cualquier hijo de vecina, sin que importara su jerarquía y hasta el fuero que tiene.

Hace pocos días fue revisado corporalmente antes de permitirle acceder a Palacio de Gobierno y este martes él mismo se quejó de que, igual que el coronel no tiene quién le escriba, el fiscal no tiene quién le conteste el teléfono.

La andanada es fuerte. Mediáticamente todos los días recibe críticas; jurídicamente será llevado a juicio político y seguramente también será destituido por el Congreso, en dos eventos relacionados pero diferentes.

¿A dónde llegará así? Lo peor es que ni siquiera los panistas dan la cara por él, menos los periodistas, los colectivos ni el pueblo, porque simplemente no hizo buen trabajo.

Debería entender eso e irse.