El presidente López Obrador gusta, impunemente, de tomar a los expresidentes de México como peras de boxeo para practicar su cotidiano golpeteo político, a Fox ya casi no lo toca desde que le respondió secamente a una de sus alusiones, a Felipe Calderón lo vapuleó ayer pero el ex presidente lo invitó a dialogar o a debatir, su respuesta fue de amor y paz, a Peña Nieto lo alude, sin nombrarlo cada vez que refiere sobre la corrupción en México, se duda obtenga respuesta porque el mexiquense tiene lúdicos entretenimientos por Europa. Obviamente, el propósito del presidente López Obrador es proseguir su labor de demolición del antiguo régimen, motivo por el cual carcome sus cimientos representados en los ex presidentes, panistas y priistas.