Al más puro estilo de Casius Clay, el legendario y casi invencible boxeador norteamericano cuya estrategia en el boxeo hizo época por su forma de “golpear y correr”, el presidente López Obrador antes de plantear un tema en sus “mañaneras” acostumbra exhibir a funcionarios del pasado endilgándoles acciones de presunta corrupción, pica y deja el veneno, o sea, calumnia que algo queda. Lo ha hecho reiterativamente con los expresidentes Salinas, Fox, Calderón, Peña Nieto y a quienes fueron sus colaboradores. Ahora lo hizo Manuel Bartlet, Director de la CFE, quien aludió a exfuncionarios de alto nivel que se han contratado con empresas supuestamente beneficiadas durante su desempeño. Entre ellos está Jesús Reyes Heroles, Secretario de Energía con Zedillo y Director de Pemex con Calderón, quien responde: “Es grave que un funcionario público de alta responsabilidad incurra en falsedad, causando daño moral al difamado, lo que está penado por la Ley. Me reservo el derecho a presentar la demanda civil correspondiente”. Bartlet está obligado a sostener su dicho o disculparse, o pudiera ser demandado ¿Pero, qué necesidad?