Columna Política al Día
Por Atticuss Licona

Al gobernador del Estado de Veracruz, Cuitláhuac García Jiménez, le está pasando como al cohetero, que o termina quemado o termina tiznado.

A menos de tres meses su gobierno comienza a cascabelear. En algunas áreas de la administración se nota la falta de oficio, de experiencia, de astucia, y el Gobernador se encuentra en la difícil disyuntiva de ¿Con quiénes gobernar?

En la integración de su gabinete legal y ampliado no había dudas, estos serían Morenistas puros, sin mácula ni rastros azules o tricolores. Para esos puestos había que dar por descontado el arribo de sus camaradas o de compañeros de partido.

El problema estaba en la conformación de los equipos de primer, segundo y tercer nivel.

Por increíble que parezca, los que saben cómo se maneja la administración pública en Veracruz entienden que el Secretario podrá inicialmente no saber gran cosa del sector, podrá no tener perfil o incluso podrá ser de otra parte de la República Mexicana y, aun así, puede llevar a buen puerto el barco si se apoya en el equipo correcto.

Los directores generales, los de área, los subdirectores y jefes de departamento, deben ser -ellos sí- una cadena bien aceitada que garantice el adecuado funcionamiento del gobierno.

Y aquí, en esos niveles, es donde comenzaron los problemas para Cuitláhuac que sólo tenía tres opciones: a) Meter a puros Morenistas; b) Dejar a los funcionarios que ya estaban; o c) Campechanearlos. Aunque para desgracia de Cuitláhuac, con cualquiera de las tres opciones perdía.

Es sabido que los Morenistas no habían sido gobierno en Veracruz, por lo que en una grosera obviedad, no había forma de llenar todos los espacios con gente de experiencia. El resultado está a la vista: muchos de los nuevos funcionarios son una nulidad y están paralizando a Veracruz.

Por otra parte, dejar a los que ya estaban era impensable. El problema estuvo en que cambiaron de tajo a muchos pero algunos eran imprescindibles durante los primeros meses hasta que llegara un adecuado reemplazo. Muchos priistas o panistas, pese a su filiación, debieron continuar en sus oficinas cuando menos algunos meses. El rasero no fue correcto y despidieron a operadores políticos y aviadores (bien hecho) pero también a otros que con diligencia y pulcritud sólo obedecen órdenes y que bien pudieron haberlo seguido haciendo.

Por último, la opción más sensata era campechanearlos, pero esto también dejó tiznado al Gobernador.

Se ha satanizado tanto a los fidelistas, duartistas, yunistas, panistas o priistas de cualquier nivel, que su inclusión en puestos directivos inmediatamente es cuestionada.

Cuitláhuac García ha ingresado al gobierno a Morenistas de gran experiencia y capacidad, pero también a mercachifles, inexpertos, operadores políticos, soberbios y sobrados; quitó a los infiltrados políticos de Yunes Linares y de gobiernos anteriores, pero también pasó despedazando la carrocería gubernamental al quitar sin distinción a quienes hoy le estarían sacando el trabajo que no han podido.

La única forma en que Cuitláhuac estaría saliendo medianamente bien parado es dando resultados importantes en los primeros cien días de su gobierno, pero eso, al parecer, no se ha podido.

Haga lo que haga Cuitláhuac, ante lo polarizado de la opinión pública, saldrá como el cohetero, tiznado o quemado.

@AtticussLicona

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