Una sociedad se estructura, camina y funciona gracias al trabajo, la actitud y conducta de sus individualidades, héroes anónimos que son la correa de transmisión a través de la cual circula la vida social, los gobernantes, constructores o ineficientes, son los directores de esa gran orquesta que armoniza gracias a sus violines, violoncelos, piano y demás equipo. Esta reflexión la inspira el deceso de doña Hermila Ramírez Oliva, madre de once hijos, cuyo aporte a la sociedad es el ejemplo que edifica, la recia voluntad para educarlos en medio de privaciones, la estoica manera de ser y disfrutar la vida con familia integrada. Obviamente no “murió”, porque esto último significa olvido ¿Quién muere cuando se tiene el recuerdo de su ejemplo de vida y conducta? Y no solo de la familia que construyó, también de cuantos tuvimos la oportunidad de conocerla y reconocerle. El cirio se apaga, pero la flama ilumina.