Ya se hizo costumbre en la entidad veracruzana cohabitar con la violencia, lo cual configura una escena antaño difícil de concebir aún en las peores pesadillas. Nuestra dramática realidad inhibe todo sentimiento de tranquilidad social, tal cual lo refleja la narrativa del crimen: balean al alcalde de Astacinga, secuestran a médico en Acultzingo, a una médica en Comapa y uno más en Coatzacoalcos, un mes después de secuestrado, pago de por medio, liberan al ex alcalde de Hueyapan de Ocampo, secuestran a ganadero en Cerro Azul, asesinan al jefe de la policía de San Juan Evangelista, un joven es asesinado en el malecón de Coatzacoalcos, asesinan a empleado municipal de Martínez de la Torre, encuentran cadáver en el río Cotaxtla, etc. Ese tétrico escenario ocultó la noticia sobre la detención de dos criminales en Tierra Blanca, el motivo es claro: son muchísimas de arena por solo una de cal.