Crónicas Ausentes
Por Lenin Torres Antonio

A propósito de Venezuela y el Imperio

Tenemos que generaron un alto conocimiento

que posibilite atender nuestros males,

podemos ser un país (México) de éxito comunitario y

 no de unos cuantos exitosos.

Texto Propio[1].

Siglo XIX, el libertador Simón Bolívar escribe “los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miseria en nombre de la libertad”, frase que parece tan reciente, tan cercana, tan incómoda, tan impertinente, que raudos nos parece una buena frase para un panfleto propagandístico de una izquierda rancia que se niega a aceptar el mundo global y que el debate ideológico ya no existe, pues hay una sola interpretación de la condición humana, y no una frase lapidaria sobre nuestra condición de un orden mundial injusto y una vida social en la simulación y el engaño, una frase para iniciar una nueva significación de la cosa pública que elimine las contradicciones en que vivimos y condenan a nuestros pueblos y ciudadanos a la esclavitud y a procesos de alienación que desfiguran nuestras identidades y nuestra viabilidad y certeza de futuro en mejores condiciones de vida para todos, tan simple como pensar que el problema del hambre y la pobreza no es que no haya riquezas y alimentos sino que estas están en las manos de unas cuantas naciones encabezadas por los Estados Unidos y su política exterior de atropello y fuerza.

La democracia, la libertad, etc., sin ellos el sentido de pertenencia no tendría sentido, somos en la medida que son reales esos mitos constitutivos de los social, y que vamos en pos de ese paraíso perdido por esos rancios y populistas, que tuvieron su oportunidad y sólo trajeron “pobreza y miserias a sus pueblos”, la caída de las ideologías lo comprueba, el mundo es uno sólo y tiene una sola lectura nos machaca el imperio.

La introyección neoliberal está consumada, la subjetividad colectiva está dada desde un principio hacía una única dirección, aun cuando podamos presentar las pruebas de la afrenta y el dominio, de la esclavitud y las consecuencias de ese mundo global imperial, de esos rostros rubios nauseabundos que tiene el poder de la gramática, y de las armas.

En respuesta a la crítica al imperio (Estados Unidos) de su intromisión en Venezuela, señalando el infame bloqueo económico, la confiscación de bienes, empresa y dinero al gobierno venezolano, el despliegue de una despiadada campaña propagandística por todos los medios de comunicación contra lo que queda del chavismo y sus logros sociales, y la resistencia al Imperio, sin negar la crisis humanitaria que vive el pueblo venezolano, señalo que el Imperio no tiene la calidad moral para hablar de democracia y libertad, y mucho menos de ser vocero mundial de la democracia, y encabezar la reinstalación de la misma en Venezuela, una persona me responde: “Lenin nosotros somos demócratas”, repitiendo la retahíla ideológica neoliberal de esos mitos constitutivos conceptuales con que se ha escudado el Imperio para mantener el dominio de su orden mundial, y la ingenuidad de mi interlocutor pensando que lo que pasa en Venezuela tiene que ver tan sólo con el futuro del Chavismo o de Maduro, sino con la re escenificación de la “bota militar” sometiendo al mundo a sus anchas, con un discurso contradictorio que pensamos era del pasado siglo, cómo entender que aún las cosas se resuelvan a través de la fuerza, ahora mediática y económica, y si nos les funciona, militar; cómo no aprender del pasado y no ser capaces los países latinoamericanos de solidarizarnos con nuestros pueblos para buscar el respeto a la dignidad, al estado de derecho, a la democracia;  hay que tener bien claro que la inoperancia del gobierno de Maduro es el resultado de la intervención americana, que en un principio aposto que con sólo la muerte de Chávez sería suficiente y todo lo demás caería, y que el crepúsculo de terratenientes, banqueros y dueños de los medios de comunicación tomarían el poder con facilidad para continuar obedeciendo a los intereses del imperio, que pensó que las cosas no se complicarían, y que ahora tiene que tomar otras medidas para ahogar la economía venezolana y a su gobierno, no importándole que se trajera entre las patas a los pueblos venezolanos. Esa crisis social, económica y política de Venezuela no es el resultado de un deterioro de una propuesta de izquierdas bolivariana sino del intervencionismo imperial.

No hay otra alternativa desde dónde responder y hacer oposición al imperio, la izquierda se perdió en su ensoñación del advenimiento de una única clase, la trabajadora; y su materialismo dialéctico e histórico sirvieron para aupar no a esa clase de las mayorías sino a la clase del 1% que detenta el poder y las riquezas en el mundo, y lo peor aún, es que detenta la única gramática con que se mide la realidad, la verdad y la ética del hombre.

La caída de las ideologías, y principalmente, la inoperancia social y política de la izquierda marxista dejó al mundo en una orfandad, y convirtió el destino y el sentido del hombre en un plus insustancial y hueco, es tiempo ahora de buscar otra lectura a las coordenadas conceptuales y epistémica de la rex publica, el fracaso de los procesos globalizantes que han dejado una estela de muerte y abandono a los pueblos del mundo, que en un ejemplo local podemos constatar la dimensión: México un país con uno de los hombres más ricos del mundo convive con 55 millones de pobre extremos, y con una clase media venida a menos, un sistema económico  neoliberal ahora virtual y especulativo que se adueña hasta de nuestras perspectivas del frutos del trabajo de nuestros campesinos, obreros, pequeños comerciantes, intelectuales, etc., un Imperio (Estados Unidos, Inglaterra y Francia) cada día más descarado y agresivo.

El mundo debe volver a lo local, a la “ciudad estado” de las polis griegas, a una izquierda marxista desde lo comunitario, a reconceptualizar los fines de la vida, a revisar el corpus epistémico con que hemos construido y administrado la rex publica, a volver a pensar el concepto de hombre, a por una clínica de lo social, a incorporar la dignidad y la solidaridad con la misma legitimidad y legalidad que la libertad, la igualdad y la justicia.

México tan lejos de dios y tan cerca de los Estados Unidos, con Trump se ha convertido en una mortífera convivencia vecinal, el respeto y la diplomacia se han extinguido, nos tilda de ignorantes, salvajes, y malos; y aun así lo espetamos respeto y consideración.

La Cuarta Transformación no es sólo restituir la funcionalidad institucional perdida y gangrenada por la decadente clase política y los voceros del imperio, la cuarta transformación implica una refundación del estado mexicano desde lo local, lo comunitario, tomando en cuenta la demografía y la psicología, representa invertir la pirámide, y se desde lo local desde donde debe construirse el poder público, representa renunciar a la las viejas fórmulas de “la representatividad” hoy obsoletas y tomar en cuenta con todo la legitimidad y la legalidad del empoderamiento del municipio, es decir, construir una República Municipal y si queremos podemos ir más abajo, al jefe de manzana, el agente municipal, comisariado ejidal; en suma, una revolución de la representatividad, si queremos hacer frente al imperio y a los graves problemas que laceran el lazo social y nuestra viabilidad de futuro.

Queda pues en un tiempo por venir la verdadera política y la justicia social.