El día 10 del presente, el coordinador de la bancada de Morena en el Congreso, Juan Javier Gómez Cazarín, se preciaba en un mensaje que emitió en un video, de que ellos, los integrantes de ese partido, no estaban dispuestos a mocharse con nadie, no iban a comprar votos para los diputados ni se iban a vender.

Los moches son ciertas cantidades de recursos o de obra pública que se ha estilado darles a los diputados para que a su vez los repartan entre sus seguidores. Naturalmente, algo aberrante.

Aunque el mensaje pareciera de entrada alentador, eventualmente podría significar novatez para el quisquilloso manejo de las cuestiones camerales. Es cierto que no debe haber moches para que los diputados se despachen, porque es una irregularidad, pero sí sería conveniente que haya un reparto del pastel presupuestal mediante algún mecanismo legal, que beneficie a los grupos sociales que son afines a los demás partidos, con fines de negociación y acuerdos.

Porque tanto la actitud negativa de los diputados como los desplantes de Morena hacen ver que los integrantes del Movimiento, lo que quieren es no compartir nada con nadie.

Y eso, al final, lo que generará es un Poder Legislativo ingobernable que abonará a la ingobernabilidad de todo el Estado.