Por Jaime Ríos Otero

La “meritocracia” es darle privilegio a los mejores para que gobiernen. Es discriminar entre los competentes y los mediocres, favoreciendo a los primeros. Las posiciones jerárquicas son obtenidas por quienes tienen méritos, es decir, los que cultivan valores como la capacidad individual, espíritu competitivo, excelente educación, espíritu emprendedor, magnífico nivel para relacionarse y liderazgo.

Esto viene a colación por lo que es la primera gran derrota de la Administración Pública de Veracruz en las buenas relaciones que debe tener con el Poder Legislativo. El tema del juicio político al fiscal Jorge Winckler se desplomó. No hubo eficiencia en la operación política para conseguir la mayoría necesaria de votos a fin de someterlo a juicio.

Todo ha quedado en bravatas, desplantes y reincidencia de conductas de izquierda opositora en lugar de partido gobernante. El problema es que ahora el Ejecutivo queda en posición de debilidad ante un inédito bloque legislativo que unió a los rivales en el mismo objetivo de descarrilar lo que provenga de la calle Enríquez… y apenas empiezan.

Es demasiado pronto para derrotas tan sonadas. Pero ello se inscribe dentro de la desgraciada asignación de responsabilidades de primer nivel a personas sin preparación, capacidad, conocimiento, sensibilidad ni oficio público.

Si la línea de gobierno claramente no sigue los cauces meritocráticos, ¿estaremos entonces en lo contrario, una especie de “pendejocracia”…?