Es difícil ver con optimismo la operación política de un régimen que, a pesar de tener mayoría nominal en el Congreso, no tiene la capacidad para resolver favorablemente un asunto muy importante para la Entidad.

Dos intentos de la bancada de Morena, con quince días de separación entre uno y otro, para someter a juicio y destituir al yunista Fiscal General de Veracruz, han tenido un resultado frustrante. No pudieron y eso es el anticipo de que no podrán.

Pero el asunto no queda sólo en el tema del Fiscal, cualquiera de los grandes proyectos del régimen (dando por hecho que los haya), corre el riesgo de no ser aprobado por esos irreductibles diputados, con lo que la operación del Estado está en un gran riesgo.

La falta de talento intentan compensarla los morenos pateando, con lo que empeoran su imagen ante la opinión pública. No se vio mal el Fiscal General asistiendo a la reunión del jueves en Coatzacoalcos, se vieron mal quienes le negaron el acceso al evento, dada la relevancia que tiene por su cargo, ligado indefectiblemente al tema por tratar. Se vieron mal los que actúan con rabieta, en lugar de proceder con la madurez y seriedad de quienes representan a instituciones públicas.

Si acudió a pesar de no haber sido invitado calculando que le negarían la entrada, logró exhibirlos.

Desafortunadamente, el uso del poder para menoscabar es un mal mensaje sobre la imprescindible sensatez.