Viernes contemporáneo
Por Armando Ortiz    

Algunos analistas concluyen que en Veracruz la Cuarta Transformación es un mito. Mientras en todo el país se llevan a cabo cambios reales en las formas de gobierno, en el estado las cosas siguen como si el viejo PRI no hubiera dejado el gobierno. Para empezar, cada día se descubren más priistas, sobre todo fidelistas, incrustados en la administración de Cuitláhuac García. Se esperaba que fueran algunos, pues Eleazar Guerrero, primo incómodo, era el nexo directo con muchos fidelistas; Eleazar mismo es un fidelista. Se esperaban algunos, pero no tantos. Las miembros de las bases fundadoras de Morena están muy molestos, por cómo a ellos se les ha relegado, y a los emisarios del pasado se les ha colocado en puestos de relevancia. El mismo Éric Patrocinio parece un remedo de Reynaldo Escobar. Para colmo, muchos empleados de las diferentes dependencias, que también apostaron por la Cuarta Transformación, han sido despedidos. Son centenas de personas que confiaron en la palabra del gobernador de que no serían despedidos, y fueron despedidos. Pero todo ello tendría sentido y razón si el gobierno marchara como un barco viento en popa. La verdad es que Veracruz está varado en los escollos de la incompetencia, de la corrupción, de la arrogancia de una clase que no sabe gobernar, pero no quiere reconocerlo.

Rocío Nahle, el arte de quedar en ridículo; mejor ponerla en la Secretaría de Asuntos sin Importancia

Andrés Manuel López Obrador tiene un muy particular estilo de gobernar. El mismo estilo que implantó desde que era Jefe de Gobierno del Distrito Federal. A muchos no gustan sus conferencias mañaneras, pero es la manera como López Obrador dicta la agenda nacional. Pero esas conferencias mañaneras también han servido para exhibir a algunos de sus funcionarios, exhibir su pulcritud, su eficiencia, pero también su ineptitud. El día que una reportera increpó a Jesús Ramírez Cuevas, encargado de Comunicación Social de la Presidencia, el encargado de esta área respondió sin titubeos y con puntualidad los cuestionamientos sobre su sueldo y el supuesto sobresueldo. Pero las veces que le ha tocado a la señora Rocío Nahle, secretaria de Energía, lo único que ha demostrado la exdiputada es su ignorancia y su poca preparación. Un día no llevó los datos sobre la importación del petróleo que el presidente le pidió; otro día quiso entender la gravedad según Newton, pero sólo cantinfleó; otro día dijo que sí se utilizaría la técnica del fracking para extraer petróleo y el mismo AMLO la tuvo que corregir, “fracking no”. No se cansa Rocío Nahle de quedar en ridículo. Tal parece que lo mejor será ponerla en una dependencia acorde a su preparación, algo así como la Secretaría de Asuntos sin Importancia; igual ahí sí da la talla.

Esposa de AMLO se une al club de los Fox; “José Luis Borgues”, “Rabina la Gran Tagora” y ahora “Mamado Nervo”

Los hombres que llegan al poder no están obligados a ser unos grandes literatos, no están obligados a conocer a todos los autores de la literatura universal, pero la decencia sí los obliga a ser honestos y si algún autor les es desconocido mejor ni mencionarlo. Enrique Peña Nieto fue juzgado por ello, cuando en la Feria del Libro de Guadalajara le preguntaron por tres libros que marcaron su vida y no pudo mencionar más que la Biblia, a la cual llamó una novela. Fox le cambió el nombre al escritor argentino Jorge Luis Borges y le puso “José Luis Borgues”. Su esposa, Martha Sahagún quiso citar al poeta bengalí Rabindranath Tagore, pero lo confundió con una mujer y lo llamó “Rabina la Gran Tagora”. En esta ocasión le tocó a Beatriz Gutiérrez Müller quien, en una entrevista, tratando de fomentar la lectura, quiso mencionar al afamado poeta mexicano y en lugar de llamarlo Amado Nervo, lo llamó “Mamado Nervo”. Por supuesto las redes sociales no se lo perdonaron y la hicieron tendencia, acompañada de memes en donde se veía el cuerpo de un fisiculturista con el rostro del autor del poema “En paz”. La ignorancia no se mide por las cosas que no conocemos, por la cantidad de cosas que ignoramos, la ignorancia se mide por las cosas de las que sin saber hablamos.

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