Mientras se encendían los fuegos fatuos anunciando la ya “inminente caída” del Fiscal, por otro lado, casi de manera subrepticia la señora Gina Domínguez abandonaba el cuarto de hospital donde “purgaba” su culpa, para dirigirse a su casa en donde por razones de salud atenderá al proceso instruido en su contra por al desvío de “unos cuantos” millones de pesos. La impresión que esto causa en la colectividad social es deprimente porque manda un mensaje de extrema impunidad ¿cómo puede salir de prisión quién abusó de un puesto público bajo su responsabilidad, al unísono que su patrimonio personal crecía en desmesura? No es la única en sus circunstancias, pero si realmente hay voluntad de combatir la corrupción en estos casos la ley ordena cárcel y extinción de dominio. De otra manera es simulación y burla.