Alfareros, pasión y herencia milenaria en Papantla

      Capacitación, base del éxito   En el año 2006 iniciaron la capacitación por parte de la Escuela Mexicana de Cerámica de Valle de Bravo, gracias al apoyo de TenarisTamsa.   “Ellos vinieron aquí, al Centro de las Artes Indígenas, en el parque temático, es como empezamos la capacitación con el maestro Gordon, de todo lo que ahorita realizamos, que es la cerámica bruñida, en la que tenemos cerca de 50 diseños que moldeamos con esa técnica”, detalló.   Explicó que la cerámica bruñida es la que tiene un brillo natural, el cual obtienen a base de pulir la pieza, antes de quemarla.   “No lleva nada de lacas, ni barnices, este tipo de piezas, para nosotros, son de alta calidad y solamente de uso decorativo. Posteriormente, hace como cinco años tuvimos otra capacitación, igual, con el apoyo de TenarisTamsa para la elaboración de cerámica esmaltada de temperatura alta”, compartió.   Gracias a que ya cuentan con hornos de gas, que también obtuvieron a través de apoyos, es que logran ese acabado pues “cocinan” las piezas a temperaturas que alcanzan los 1,080 grados, para lograr el vidriado que buscan.       Muchas satisfacciones   Juanita nunca imaginó que gracias a su talento y amor que le tienen al barro ella y su familia, iban a llevar un pedacito de su tierra papantleca a varias partes del mundo, como El Vaticano, en donde desde hace 6 años cuentan con dos nacimientos grandes tallados moldeados por la alfarería Hernández.     “A través de este trabajo, que para mí es muy bonito, he tenido la oportunidad de viajar, en el 2011, como un proyecto exitoso, tuve la oportunidad estar en San Martín, Argentina, exponiendo nuestro proyecto y en el 2013, tuvimos la oportunidad de representar a este grupo y de llevar dos nacimientos al Vaticano, en Roma”, explicó.   Esto para la artesana de fe católica, fue algo que calificó como un regalo muy hermoso que Dios le dio, indescriptible con palabras, pero de gran sentir emocional el estar cerca de un líder mundial como es el papa Francisco.   Pero lo que más le llena el corazón a Juanita y le enorgullece es que gracias al taller de alfarería ha podido ayudar a otras personas, enseñándoles este arte y empleándolos en las épocas de más demanda.     “Con la alfarería he logrado satisfacciones personales, saber que no solo soy yo la persona que se beneficia con este trabajo, sino que somos  un taller familiar, cuando tenemos pedidos grandes contratamos a más gente y llegamos a ser hasta 40 personas, hay maestros escultores que nos ayudan a hacer diseños cuando los trabajos así lo requieren”, manifestó.   El barro no solo ha moldeado las piezas únicas que crean Juanita y su familia, también ha unido a una comunidad orgullosa de sus raíces y de su esencia, con ese espíritu único de la gente del Totonacapan que el mundo ha ido conociendo a través de estas obras.   AGENCIA IMAGEN DEL GOLFO]]>

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