El 4 de marzo de 1929, se fundó el Partido Nacional Revolucionario (PNR), con el propósito inherente de consolidar en México el tránsito de un país de caudillos, de “hombres fuertes”, a otro bajo el imperio de las leyes y las instituciones; ese experimento resultó exitoso porque cerró una etapa cruenta de nuestra historia. Es fecha histórica, porque en el PNR confluyeron diversas fuerzas políticas se todo el país, y en su entorno dirimieron diferencias para dar paso a las nuevas institucionales inspiradas en el pensamiento de la Revolución Mexicana. Más tarde, por así convenir a sus intereses, los gobiernos “emanados de la Revolución” aprovecharon esta fecha de formación del PNR para enfatizar el nacimiento del nuevo Sistema Político Mexicano, e idealizaron al Partido Revolucionario Institucional como el hacedor de esa transformación, aun cuando este partido se creó en 1946. Sin embargo, sus antecesores, el Partido Nacional Revolucionario (PNR 1929-1938) y el Partido de la Revolución Mexicana (PRM 1938-1946) constituyen la raíz del Sistema de Partidos nacionales; fueron, sí, parte de un proceso, pero no significa que hayan sido lo mismo, sino una evolución política en cuyo decurso el PRI y sus dos antecesores vertebraron las sucesiones políticas del México del siglo XX de manera pacífica