Las declaraciones de Marlon Ramírez, candidato a presidir el PRI estatal resultan simplistas y superficiales, carentes de toda autocrítica porque asegurar que “la deuda del PRI con la sociedad está saldada…” refleja un obtuso desconocimiento de la realidad de ese partido en el contexto nacional y estatal. Tiene razón, sin embargo, cuando dice que el PRI necesita “modelos nuevos” y allí se hace el hara kiri porque él no cabe en esa tipología, su relación con el duartismo es un pesado anclaje para aspirar a dirigir un partido cuya principal aspiración debe consistir en transmitir a la ciudadanía la seguridad de una genuina voluntad de cambio, no expresión gatopardista de cambiar para seguir siendo lo mismo. Además, Marlon desconoce la historia de su partido, pues alega que en 90 años no había aplicado la consulta a la base y bueno será recordarle que el PRI ensayó la consulta a la base en la década de los noventa, cuando su dirigente era Luis Donaldo Colosio. A Marlon lo acompañan Anilú Ingram, Jorge Carvallo, se le vincula a Erik Lagos y sirvió a Duarte de Ochoa, ¿Será Marlon el candidato de la nomenclatura priista y expresión de lo más oscuro del priismo veracruzano?