Realizar un transformación social, política y económica, en México y en cualquier parte del planeta, no resulta cosa fácil pues intervienen diferentes sectores, entre ellos, y muy importante, la condición humana. Los muchos años de oposición a un régimen político, de adoptar posturas necesariamente contrarias a la forma de conducir la cosa pública, influyen determinantemente en la conducta de quien milita sin poder y cuando lo alcanzan no están exentos de sufrir el impacto del cambio. Porque no es igual criticar sin responsabilidad que asumir el compromiso. Porque el Poder obnubila al hombre, lo transforma y llega al grado de trastornarlo, lo podemos advertir en Veracruz, donde en solo tres meses, quienes arribaron al poder desde la llamada izquierda, no muestran signos diferentes a los desplazados, y un de los síntomas más visibles es tomar el cargo público como botín familiar, y, una vez más se comprueba que “en la forma de agarrar el taco, se conoce a quien es tragón”.