Eduardo de la Torre Jaramillo

Para los defensores de lo indefendible cuando afirman que no se puede evaluar a un gobierno en los primeros 100 días, en Veracruz es otra cosa porque en la elección para la gubernatura en 2016 en el caso de morena fue el mismo candidato que compitió en 2018; es decir, no cambio candidato ni de partido frente a un diagnóstico local que no se modificó, sino que se agravó. La primera medición gubernamental es en la correlación directa entre la plataforma electoral que presenta el partido político (que son las propuestas de campaña para acceder al gobierno) y que es avalada por el propio candidato; por ejemplo, al intentar revisar la plataforma electoral de morena, para  mi sorpresa al buscar en el OPLE la información me encontré que dicho organismo electoral el cual se ha destacado por su opacidad, su ausencia de transparencia, su falta de profesionalismo, que en la indagación sobre la plataforma de morena es la única que  publicaron de manera inversa es decir, no se puede leer un documento al revés, dicho “error” lo pueden consultar y que es de imposible lectura en: http://www.oplever.org.mx/proceso2016_2017/PlataformasElectorales/Morena.pdf ; además ninguna de las plataformas electorales de 2018 -después de más de un año- está subida a la página del OPLE, ni siquiera en el apartado de los “Acuerdos”, lo cual se puede revisar en la siguiente liga: http://oplever.org.mx/archivos/sesionacuerdo/acuerdos2018/106.pdf; existe una clara simulación al subir el acuerdo de la comisión de prerrogativas, pero nunca un anexo de las plataformas electorales, tal y como se puede examinar en http://oplever.org.mx/archivos/sesionacuerdo/acuerdos2018/A1Acdo106.pdf . Revisé por mera curiosidad al OPLE de Oaxaca y ellos si cumplieron con el principio de máxima publicidad que el OPLE de Veracruz incumple, y se puede checar aquí http://www.ieepco.org.mx/archivos/documentos/2017/plataformas%20electorales%202018/Plataforma%20Electoral%20Morena.pdf.

Dicho lo anterior, existe una desconexión entre las dos plataformas electorales de 2016 y 2018 con el actual ejercicio de gobierno; hay que recordar que el actual gobernador duplicó los votos que tuvo en 2016, de tener 809 mil votos a 1.6 millones de votos, dicho sea de paso, -los senadores de morena tuvieron 1.8 millones y el presidente de la república 2 millones de votos-, cuyo resultado para morena en el plano local fue tener la mayoría en el congreso local, pues ya tenía la alcaldía de la capital (la cual es administrada por un insulso alcalde sin atributos para serlo), es decir, se tiene al gobierno federal, al gobierno municipal para que no exista ningún pretexto para gobernar de manera holgada con una mayoría en el congreso local.

La primera decisión del gobernador fue en la designación de su gabinete, éste sin experiencia gubernamental, y que está repartido por “cuotas y cuates”, la mayoría pertenece al grupo de la desinflada secretaria de energía, la otra parte al gobernador y una minoría al astuto senador Ahued, se puede afirmar que dentro de los primeros errores se encuentran las 4 dispensas que hicieron sobre ellos, motivo del desconocimiento e ignorancia de los diputados locales; regresando al desempeño de ese gabinete ya en funciones la característica principal ha sido su ineficacia, ineficiencia; allí están los casos de la secretaria de protección civil que ignora la geografía veracruzana, se piensa como poblana o la secretaria de turismo bailando en Madrid haciendo de sus funciones un kitsch con el turismo; del secretario de gobierno se convirtió en un “lame duck”.

Continuando con la idea anterior, se puede afirmar que no es un gobierno de izquierda, sólo son unos oportunistas que pretenden imitar la forma de gobernar de José López Portillo con respecto a su hijo José Ramón, “el orgullo de mi nepotismo”, y en el fondo es un gabinete tlacuachizado porque “vivir familiarmente fuera del presupuesto es vivir en el error” (el agregado es nuestro). Empero, lo que se ubica en el cinismo es la narrativa de los nepotistas: el diputado Pozos dijo sobre uno de sus hijos es que “laboraba en otro poder” (sic); en el caso de la secretaria del trabajo y “consanguineidad” le dijo a la prensa “amarillista”; para el secretario de salud de igual manera refiriéndose a los medios de comunicación les llamó “mercenarios”.

Se observa un desprecio por la ley (filosofía del ingeniero que es secretario de gobierno) y una cultura de la ilegalidad, que está inmersa en el nepotismo, con los nombramientos de funcionarios que para serlos tuvieron que comprar títulos académicos para acceder a los cargos, lo que implica falsedad, fraude, y usurpación de profesión.

El mayor ridículo fue desgastarse en estos casi 100 días en la destitución del fiscal general, hecho que no procedió, jurídicamente era imposible, pero lo frenó la política de los actores que han sido excluidos y despreciados desde la soberbia del incipiente poder; un gobierno que no controla su agenda gubernamental, sino que se la imponen cotidianamente, que no tiene rumbo ni idea de la gobernación, debe entender que las “cuotas y cuates” son disfuncionales en un estado que está muy lastimado por los últimos gobiernos estatales, en donde el tema más sensible para la población es el de la seguridad pública, en donde por cierto cada día toman carta de naturalización los linchamientos (Soledad Atzompa, Minatitlán…).

Un gobernador que no le sirve su gabinete, su congreso, sus alcaldes, a lo que hay que sumarle el pleito interno a muerte, y que de las cabezas visibles son inoperantes, y a todo esto, que es parte de las consecuencias del “efecto mariposa” del caso Chinameca, en tan sólo 100 días se está desvaneciendo la esperanza del nuevo gobierno, y el fantasma de la ingobernabilidad cada día está más cerca.

Por supuesto que el pago puntual a los trabajadores y jubilados fue gracias al préstamo bancario de 2,500 MDP, y al adelanto de 2,000 MDP de participaciones federales, de lo que no se dice nada es del dinero que dejó en caja el anterior gobernador, ni del aumento de la deuda pública.

Finalmente, gobernar con fobias y odios, tal y como se observó en el carnaval de Veracruz no es saludable para nadie, ni para los gobernados ni gobernantes; así como la frivolidad en la conducción del gobierno; la ligereza y la ignorancia; en esta última parte tanto el congreso local fue el hazmerreír nacional al mostrar la nueva versión del realismo mágico veracruzano emanado del poder legislativo o el racismo de un porro de la política veracruzana, como en la figura del impresentable superdelegado, que en lugar de que se ponga a trabajar y terminar el censo de bienestar, se dedica a denostar a diestra y siniestra, a quien cada vez más se observa el deterioro mental por sus excesos de su pasado inmediato. Morena no es una nueva elite política, es un grupo de aficionados en Veracruz que corre la suerte de convertirse en la nueva kakistocracia veracruzana, aún están a tiempo de hacer ajustes.