Columna “Política al Día”
Por Atticuss Licona

No sé por qué (no me lo pregunte) pero hace poco comencé a seguir en Twitter a políticos pertenecientes a esa fauna nociva que en su fuero interno se deben considerar como ‘los pensantes’. Todos en esta viña del Señor en algún momento seguramente nos hemos sentido pertenecientes a ella, pero como en la Rebelión en la Granja, aunque todos somos iguales, hay de animales a animales.

Son políticos o personajes con los que no tengo interacción y si tuviera ni me contestarían, pero ahí estoy como baboso siguiéndolos. El primero que seguí fue a David Faitelson, el afamado periodista deportivo, de quien en un sketch dijeron que es la fecha que cada vez que tuitea lo primero que le recuerdan es el tremendo sanjuanazo que le puso el Divo de Tepito, mejor conocido como Gobernador de Morelos, Cuauhtémoc Blanco.

No lo creía, se los juro, pues no me parecía sensato que a años luz de distancia todavía hubiera gente sin quehacer que se acordara de eso… pero sí. No hay tuit que le perdone el respetable público. Ese mismo respetable público, para no ir muy lejos, comentó prolíficamente su último tuit de este jueves. David escribió “Espero que el Clásico regio permita siempre aficionados visitantes… La tolerancia es fundamental en las graderías. Tigres y Rayados juegan un Clásico importante, pero nada más, un simple juego de futbol. Ni empieza ni termina el mundo”. Es un comentario fresco y lleno de buenas intenciones, pero la lista es casi interminable de respuestas del estilo: “Tolerancia la que tuvieron tus cachetes después del sendo soplamocos cortesía del Lord Dromedario de Tepito”.

Comentarios de este tipo le llueven día con día, tuit tras tuit, sin descanso alguno. ¿Cómo los soporta? No tengo idea, pero me queda claro que a estas alturas ya tiene la piel más curtida que Jorge Winckler. Sigo a Faitelson solo por eso, por el puritito morbo, pues como diría la Chimoltrufia “¿Para qué más que la verdad?”.

Sigo también a Gerardo Fernández Noroña, otro raro espécimen de esta pecera tropical llamada México. Este prohombre tiene muchísima autoestima. Imagínese Usted, bien querido lector lectora, que se visualiza como el perfecto candidato para la Presidencia en el 2024 y no tiene empacho alguno en comentarlo. Se pelea con cuanto pelafustán se le atraviesa en Twitter, arremete contra sus malquerientes y justifica su peregrinar por el país como parte de una agenda legislativa anidada en algún curioso espacio de su encanecida cabecita.  En fin, que el tipo es una botana y si quiere Usted seguirlo ya sea chairo o antichairo, no se arrepentirá.

Y así como estos dos, sigo a otros solo por el gusto de retozar frente al monitor viendo cómo despedazan la poca y grata imagen que alguna vez tuve de los políticos.

A quien no seguía -y ahora me arrepiento- es a Manuel Huerta Ladrón de Guevara: excelentísimo señor embajador plenipotenciario del Gobierno Federal, dedo meñique de Andrés Manuel, voz y mano derecha del presidente.

Me imagino que alguien, maliciosamente, le debió haber dicho que era gracioso y él se la creyó, porque hasta sonriendo se aventó la perla política de las ‘Yalitzas’. No tuvo la decencia de disculparse pues según él no se equivocó, sino todos aquellos millones de veracruzanos que malinterpretaron su dicho. ¡Pobrecito!

Bajo esa óptica debemos comprender también al pobre Sergio Goyri, otro malinterpretado, quien entonces no dijo lo que dijo sino que lo malinterpretamos. Con eso se resolvería todo, echándole la culpa a quien lo entiende. No habría nepotismo en Veracruz, sino malinterpretaciones; no habría corrupción, habría malinterpretaciones; no es que cierren las estancias, lo estaríamos malinterpretando; no es que haya inseguridad, la estamos malinterpretando. ¡Acabáramos!

Quienes pensaban que los de MORENA eran diferentes hoy pueden reafirmar la máxima de que todos los políticos son iguales, aunque ojo, ahora resulta que hay unos más iguales que otros.

@AtticussLicona