Fue aproximadamente en 2008 cuando el ambiente de la seguridad en Veracruz se descompuso totalmente. Los secuestros, extorsiones y asesinatos, los cobros de piso, los desaparecidos comenzaron a ser nota cotidiana para los veracruzanos.

El entonces gobernador Fidel Herrera Beltrán comenzó a ser conocido como el Z-1 y el cártel de Los Zetas se adueñó del territorio estatal. Esta situación continuó durante todo el sexenio de Javier Duarte.

Al principio del nuevo gobierno que relevó a la docena sangrienta de Fidel y Duarte ocurrieron numerosas ejecuciones. La explicación de un alto funcionario fue que estaba habiendo cambio de mandos y ahora sería el Cártel Jalisco Nueva Generación el que tendría las facilidades y protección oficial.

En el nuevo relevo gubernamental, la situación se recrudece, en peores condiciones que antes, como el si efectivamente el CJNG no quisiera perder el feudo que le fue asignado.

Por desgracia, las policías parecen no estar a la altura del poder de los cárteles. La rebelión de agentes en Coatzacoalcos, que se quejan de malos vehículos, engaño en los sueldos, erróneas operaciones y hasta complicidad de los altos mandos con los delincuentes, dan cuenta de que si la estrategia va en serio, las corporaciones deben ser reforzadas y apoyadas con todo.