Prosa aprisa

Arturo Reyes Isidoro

En su conferencia mañanera de ayer jueves, el presidente Andrés Manuel López Obrador preguntó: ¿Por qué aguantar a un mal gobernante?

Eso es lo que me pregunto y creo que eso es lo que se preguntan todos los mexicanos; eso es lo que todos nos hemos preguntado siempre.

La interrogante la planteó cuando se le abordó sobre el tema de la revocación de mandato, para lo cual ha propuesto una consulta en 2021, con el propósito, según él, de que los ciudadanos digan si debe continuar en el cargo o dejarlo.

Sus críticos no creen que cumpliría si el resultado le fuera adverso e incluso piensan que su intención es reelegirse, por más que él lo niega y hasta firmó ya un documento donde se compromete a no hacerlo.

Dijo ayer que si se aprueba la reforma para hacer la consulta será un asunto legal que aplicaría para su caso pero que después podría tener vigencia también para los gobernadores, senadores y presidentes municipales. No mencionó a los diputados, pero se entendería que también se incluiría a ellos.

“¿Por qué aguantar seis años a un mal presidente? Imagínense cuánto se hubiese ahorrado si se hubiese establecido de tiempo atrás la revocación del mandato. ¿Qué, no eran suficientes tres años para saber cómo iba a terminar un sexenio?”, planteó.

Agregó que revocar el mandato es un derecho ciudadano; que el pueblo pone y el pueblo quita; que lo mandata el artículo 39 de la Constitución; que esa es la democracia participativa. “El pueblo tiene en todo momento el derecho de cambiar la forma de su gobierno”.

En teoría no está nada mal. Sería cuestión de ver si realmente lo anima un propósito sincero. Eso solo el tiempo nos lo dirá.

Si esto pasara de una declaración mañanera a los hechos, ¿alguien pensaría que los xalapeños votarían porque el alcalde Hipólito Rodríguez Herrero permaneciera en el cargo?

Cito su caso porque es el más destacable como autoridad de la capital del Estado, pero creo que como él están otros más, así como muchos diputados “tómbola”, esos a los que nadie conocía y no tenían mayores méritos para llegar al Congreso local, y solo fueron postulados porque sus nombres aparecieron en una papeleta que se sacó de una tómbola.

Incluso el propio gobernador estaría en aprietos por el equipo que tiene (con sus buenas excepciones, claro está), por el despido de trabajadores, por la baja de sueldos y la quita de compensaciones, por los casos de nepotismo en su administración, porque no han hecho pública su declaración patrimonial, de intereses y de pago de impuestos, porque no se bajaron el sueldo como ofrecieron en campaña, en fin.

Tiene plena validez el argumento de AMLO sobre cuánto se hubiera ahorrado si se hubiese establecido de tiempo atrás la revocación de mandato.

Sin duda, Veracruz estaría en mejor situación económica si la ley hubiera permitido que a tiempo se hubiera echado del poder a Javier Duarte y su pandilla.

O si se hubiera frenado a tiempo el despilfarro de Fidel Herrera Beltrán, quien dispuso del patrimonio de los veracruzanos como si fuera suyo e inició la debacle.

Como también si los veracruzanos hubieran podido frenar la intentona de reelección, a través de su hijo, del gobernador Miguel Ángel Yunes Linares y todo el gasto multimillonario que hizo en despensas para tratar de condicionar el voto.

En efecto, como dice López Obrador, hay un tiempo límite, siempre antes de que termine un periodo constitucional, para saber cómo va a terminar un gobierno, pero el pueblo ha estado indefenso porque no existe un mecanismo legal para frenar a las malas autoridades.

No dudo que va a sacar adelante su reforma de revocación de mandato, pero eso tampoco garantiza que, en efecto, se hará efectiva en los hechos, claro, a menos que los ciudadanos le tomen la palabra y actúen y la hagan efectiva.

En teoría al menos, los actuales gobernantes y legisladores estarían en la tablita si se aprueba la reforma de López Obrador. Corresponderá a los ciudadanos vigilar que las consultas no sean manipuladas, que ese es otro riesgo.

No pasa prueba de fuego

La Fiesta de la Candelaria en Tlacotalpan, el Día de Brujos en Catemaco, y el Carnaval en Veracruz son fiestas del pueblo, con mucho arraigo, que no necesitan mayor promoción para que tengan éxito.

Ya pasaron y vimos los ríos de gente que acudieron, lo mismo para divertirse que para practicar su ritual, y en los tres casos el éxito fue notorio, palpable y constante y sonante en tratándose de monedas y billetes.

En el puerto el éxito del Carnaval fue abrumador, reflejado en la gran concurrencia que se vio todos los días de los desfiles de carros alegóricos, no obstante el fuerte sol, quemante, de algunos días. Y eso que no se contó con el apoyo económico del gobierno del Estado.

Así que la primera verdadera prueba de fuego para las nuevas autoridades de Turismo y Cultura era la Cumbre Tajín, donde era necesaria la promoción pues la población nativa e indígena permanece ajena o indiferente y son los visitantes los que le dan vida. Pero no llegaron o llegaron muy pocos.

Ayer era el día “fuerte”, mayor, cuando mucha gente acude a cargarse de energía aunque a la zona de las pirámides y de ahí brincan al parque donde se realiza el festival, pero la nota de Suhaily Barrón (alcalorpolitico.com) y las fotos que mostró dieron cuenta que la Cumbre lució “tristemente vacía”.

Los expositores lo atribuyeron al mal clima pero también a lo que se consideró desde un principio como un “pobre” cartel musical. Faltó dinero, sin duda alguna, pero también experiencia y promoción.

Esto es lo que requería toda la dedicación y esfuerzo, pero en cambio se fue a presumir a España de lo que no sé es capaz. Si ni siquiera se puede atraer el turismo mexicano, del país, incluso del Estado, menos se va a lograr que venga el extranjero, el europeo. Candil de la calle…, pues.