Veracruz: 500 años
Por Rodolfo Chena Rivas

Los orígenes, derrotero y destino de los viajes colombinos han sido ampliamente documentados en numerosas obras, y su sola citación desbordaría el espacio de esta sencilla colaboración. Así que elijo, con base en un criterio personal sobre una buena lectura, la introducción de Luis Arranz Márquez al “Diario de a bordo” (1985) y al contenido que se atribuye a Cristóbal Colón. Informa don Luis que la biografía, las patrias (¿?), su idioma materno, su etapa de navegante mediterráneo o de corsario (¿?), su preparación o sus conocimientos, no pueden llevar a la conclusión de que el denominado descubrimiento de América es fruto de la “genialidad exclusiva de un solo individuo, sino algo más metódico, todo un proceso”, con presencia de circunstancias históricas de avances económicos, científicos y técnicos que sólo se conjuntaban en el Portugal y Castilla de ese tiempo. La idea de llegar a las Indias orientales circunvalando el continente africano no era nueva, y la redondez de la tierra no era un tema reciente: en la antigua Grecia, Eratóstenes ya había hecho un cálculo sobre la circunferencia de la tierra; y los navegantes de entonces deducían la redondez de la tierra al ver alejarse a las embarcaciones, cuyo cuerpo desaparecía paulatinamente hasta la última vista que era la de la punta más alta de las velas.

¿Qué sabía el almirante -sea tradición, sea leyenda- antes del 12 de octubre de 1492? La tesis del conocimiento precolombino incluye la leyenda del piloto anónimo informante de Colón, en los años de 1477-78, respecto de la existencia de lo que había “en la otra orilla del Océano”. Esta es la tesis más socorrida, a pesar de que se argumentan huellas documentales sobre un conocimiento proveniente de navegaciones y descubrimientos secretos que Colón habría realizado a Occidente antes de 1492. Al menos, esto último se deduce de las introducciones a las capitulaciones firmadas por los Reyes Católicos, en favor de Colón, que daban cuenta de lo que había descubierto el almirante, y no de lo que iba a descubrir. En cualquier cosa, todo indica que la redondez de la tierra era un hecho para Colón, sostenida en criterios como los del geógrafo Toscanelli, entre otros, y por tanto la ruta lógica para llegar al Oriente era el de navegar hacia Occidente: se sabe que el proyecto de Colón databa de 1484.

Dice Arranz que el texto original del Diario está perdido. El que se conoce corresponde a la transcripción que hizo el padre Bartolomé de las Casas, que se guarda en la Biblioteca Nacional de Madrid. En el proemio del mismo, se lee la siguiente narrativa de Colón: “Y partí yo de la Ciudad de Granada a 12 días del mes de mayo del mismo año de 1492, en sábado, y vine a la villa de Palos, que es puerto de mar, a donde yo armé tres navíos muy aptos para semejante hecho, y partí de dicho puerto muy abastecido de muy muchos mantenimientos y mucha gente de la mar, a tres días del mes de agosto de dicho año, en un viernes, antes de la salida del sol con media hora, y llevé el camino de las islas Canarias de Vuestras Altezas, que son en la dicha mar Océana, para de allí tomar mi derrota y navegar tanto que yo llegase a las Indias…y para esto pensé de escribir todo este viaje muy puntualmente, de día en día, todo lo que yo hiciese y viese y pasase…allende de escribir cada noche lo que el día pasare, y el día lo que la noche navegare, tengo propósito de hacer carta nueva de navegar, con la cual situaré toda la mar y tierras del mar Océano en sus propios lugares”. Seguiremos