Dialogando

Por: Abel Domínguez Camacho

 

Un tema sobre la mesa de varios líderes mundiales y que, al parecer, le quita el sueño al presidente Trump, es el de la migración. El fenómeno migratorio no es un asunto nuevo y, sin embargo, para países como México ha tomado una dimensión diferente o han querido darle la publicidad suficiente para dimensionarlo más allá de lo que estamos acostumbrados.

 

El informe “Las migraciones en el mundo 2018”, que ha compartido la Organización Internacional para la Migración (OIM) -ONU Migración- da cuenta con detalle de dicho fenómeno, y destaca entre sus preocupaciones la gestión de la migración y la necesidad de velar por el respeto de la dignidad humana y el bienestar de los migrantes.

 

La preocupación de los líderes mundiales es entendible, sobre todo cuando son ignorantes del fenómeno como tal y por lo tanto, de las diversas formas de hacerle frente. De acuerdo con el informe de referencia, para 2015 se observó un total de 244 millones de migrantes internacionales en el mundo, ello equivale al 3.3% de la población mundial; dicho porcentaje resulta, todavía, pequeño y por lo tanto, la “permanencia en el país” sigue siendo la norma, afirman los especialistas de la OIM.

 

La OIM refiere que en 2009 los migrantes internos-se mueven en un mismo país- ascendieron a 740 millones de personas en tanto, para 2105 los migrantes internacionales llegaron 244 millones como se refirió anteriormente; los migrante internacionales solo representan un tercio de aquellos locales. Los datos fríos no dicen mucho de los aspectos humanitarios que implican ambos casos y de las causales que motivan la migración cotidiana y los éxodos organizados en caravanas…

 

Evidentemente que hay sucesos significativos de carácter económico y geopolítico que motivan la migración, de lo más reciente se destaca la crisis financiera mundial de 2008, el conflicto en la república árabe Siria y, para el caso de Latinoamérica y México, la situación que se vive en Honduras, Venezuela, Nicaragua, Guatemala y Cuba, por mencionar algunos. En México se asume con mayor preocupación, en atención a las presiones, amenazas y bravuconerías del presidente Trump.

 

Hay que tomar en cuenta que México es uno de los principales países de origen de migrantes, junto con Rusia, India, China y Bangladesh y, por otro lado, Estados Unidos es de los principales países de destino, al que se suman Alemania, Rusia, Arabia saudita y el Reino Unido. Con ello debe quedar claro que el fenómeno migratorio que viven México y Estados Unidos, es un asunto mayor que no se resuelve con el muro de Trump ni con la retorica de este lado de la frontera, mucho menos con acuerdos fuera del Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular (13 de junio de 2018).

 

En el caso de México, atender la problemática de la migración debe considerar ciertas variables de éxito; aquella relacionadas con las presiones que ejerce el primer mandatario de los Estados Unidos frente a la firma pendiente del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) y, al interior, el envejecimiento demográfico que reduce en términos relativos las capacidades geopolíticas que se explica por dos efectos: el descenso de la población activa, que impacta sobre el PIB en comparación con el valor que tendría sin ese descenso y, el coste del envejecimiento de la población. Entre otros temas.

 

Finalmente, se destaca que el coste del envejecimiento de la población tiene una repercusión en términos de ingreso y de servicios que deben garantizarse debido al aumento de personas mayores. Ya no se le puede pedir a los hijos que sostengan a los padres y abuelos. Tampoco se resuelve con dádivas, exige una política pública incluyente que contribuya al crecimiento económico y al desarrollo.