Por: Uriel Flores Aguayo

Vivimos tiempos de cambios, así lo votó la mayoría. Faltaría precisar mejor, en detalles, de qué se trata esto de las transformaciones y la regeneración. Es indispensable ante las generalizaciones y simplicidades discursivas. Hay quien piensa que los cambios radican en los programs sociales. En el proyecto triunfador, federal y local, cada nivel tiene sus responsables. Es una obviedad decir que no es lo mismo López Obrador que los Gobernadores y Ediles de su mismo partido o coalición. Hay un natural distancia entre todos ellos. A él le llevó décadas de lucha, de hacerse un nombre y tejer las redes y alianzas que le dieran sustento a su movimiento y candidaturas; en mucho, su acceso a la Presidencia de la Republica es resultado de su perseverancia y sacrificio. Algunos de los que ocupan otros cargos también lucharon pero mucho menos; otros, nada. De ahí que muchas veces los discursos de Andrés Manuel quedan en el vacío, sin efecto en una generación de funcionarios plagada de personajes ajenos a toda lucha y mínima identidad ideológica. Creo que buena parte de los militantes de Morena en los ámbitos locales están sorprendidos y desalentados por los nombramientos en puestos gubernamentales. El espíritu del cambio es uno, fusionado emblemáticamente con AMLO, y la realidad concreta es otra con el común de los operadores y conductores del mismo.

Cuentan las intenciones transformadoras, anheladas por la mayoría ante la crisis nacional generalizada y la quiebra moral y democrática de la case política tradicional. Pero ahí está la realidad, terca y dura. Los problemas mayores de nuestro país son de tipo estructural, no superficiales o de coyuntura. Son de violencia criminal, económicos y sociales. En tanto estructurales requieren algo de tiempo para atenderse a fondo. Su aspecto neoliberal o no, hablando de economía, no se resolverá con decretos. Definitivamente no se plantea, porqué eso está superado históricamente, la supresión de la economía de mercado, cuando mucho se implementarán algunos programas Estatales en áreas donde había excesos privatizadores o abandono gubernamental y privado. Un gobierno fuerte, comprometido socialmente, no está de más; al contrario, es una condición indispensable para la gobernabilidad democrática y el cumplimiento riguroso de las obligaciones del Estado.

En el imaginario histórico, el mío al menos, curtido de luchas comprometidas socialmente y con firme definición ideológica, suponía un gobierno estatal muy superior a sus antecesores. Lo pensaba abierto y plural, culto, profesional, moderno, de elevada y riguroso ética, incluyente, tolerante, eficaz, representativo, no faccioso, sin cuotas y cuates, dialogante, libertario, convocante, de ideas, etc.; con algunos rasgos que lo pudieran definir como un gobierno de izquierda, lo que eso sea, o, al menos, como una administración progresista y democrática. Pero no, aún cuando se puede considerar que lleva poco tiempo al frente de nuestra entidad, ya se pueden ver con claridad puntos oscuros y contradictorios con su origen y propósitos declarados: confusión en sus planteamientos, enredos en asuntos menores, poca o nula atención ciudadana, perfiles de dudosa capacidad, neo nepotismo abrumador, tropiezos graves en seguridad, débil imagen del Ejecutivo y una chocante soberbia del Gabinete, evidenciando ignorancia e irresponsabilidad.

El Presidente Obrador no va a estar cada día en todos los lugares, para eso hay responsables. Estos deben asumir sus responsabilidades del momento, sin distraerse en planes del futuro para sus carreras políticas. Estarían traicionando todo si, desde ahora, se ocupan de lo personal por encima de sus deberes colectivos. Hasta ahora, a nivel local, se ha visto lo de siempre, excepto los colores. No hay más transparencia, no hay más capacidad, no hay más resultados, hasta ahora. El tamaño de los funcionarios estatales se ve demasiado pequeño ante AMLO, las tareas encomendadas y las expectativas de la gente. Corren un gran riesgo electoral próximo si la población aprende a distinguir lo federal de lo estatal y los partidos de las personas en lo individual. Si confían en la popularidad de AMLO para colgarse y beneficiarse de ella, están cometiendo un gravísimo error que les puede costar su futuro individual y colectivo.

Recadito: el titular de Educación en Veracruz, es una muestra de lo lejos que están de la izquierda y un proyecto de regeneración.

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