La masacre de 13 personas en una fiesta que se desarrollaba en el municipio de Minatitlán, al sur del estado de Veracruz es la más grande de la historia de la entidad, en lo que respecta a ciudadanos.

La muerte de siete hombres, cuatro mujeres, una persona transexual y un bebé de un año mientras participaban de un cumpleaños sólo es comparada con dos grandes matanzas ocurridas en 1985 y 1991: Sánchez Taboada y La Víbora, respectivamente. Pero en ninguna de ellas hubo civiles.

La matanza de Sánchez Taboada

Eran las 2:00 de la mañana del 1 de noviembre de 1985 cuando un convoy de Policías Judiciales, estatales y municipales llegó al ejido Rodolfo Sánchez Taboada para incautar -según la historia- cinco toneladas de marihuana que estarían a la venta en el campo de beisbol de la comunidad.

Los compradores de la carga de droga ya habían sido detenidos entre Nuevo Morelos e Hidalgotitlán. A ellos la policía les incautó un cartón con seis millones de pesos. Los compradores asegurarían que no se trataba de cinco toneladas sino de 700 kilos.

Ante los detalles de la transacción, los judiciales fueron al campo de beisbol, allí vieron a cinco personas armadas, intentaron detenerlas y se inició una balacera, que se dice, duró al menos 30 minutos.

Uno de los narcotraficantes cayó muerto en el lugar, mientras que el resto huyó de los federales. Los elementos cargaron la droga y volvieron al municipio de Acayucan.

Al llegar a una curva de terracería se escucharon detonaciones, una bala pego en el pie de uno de los policías y otra perforó el ojo del conductor y lo mató instantáneamente. Los judiciales se replegaron al monte y emprendieron la retirada.

Después de caminar entre los pantanos y el monte llegaron al poblado El Robalito, donde descansaron frente a la tienda El Venadito; compraron refrescos y galletas para desayunar y preparar su salida rumbo a Minatitlán por el río. Ahí contrataron a un guía y a un lanchero.

A las 11:00 de la mañana se escucharon disparos y fueron rodeados por más de 40 personas armadas, ahí se registró la baja de dos policías más.

Los policías estaban rodeados, se dice que tuvo que intervenir el agente municipal con quien acordaron ambas partes que los policías judiciales entregarían 200 mil pesos por la indemnización y las armas, y a cambio los dejarían que se retiraran a Minatitlán en dos lanchas.

A las cuatro de la tarde los policías pusieron sus armas, al centro del caserío y cargaron con sus muertos y heridos rumbo a la orilla del río, cuando llegó un grupo armado, todos los policías fueron atados con cuerdas y linchados por la turba… A las 6:00 de la tarde los subieron a las lanchas para llevarlos a la playa de Cahuapan, hacia donde enfilaron por el río. Al llegar los empezaron a bajar y a formarlos en línea. En ese lugar uno a uno, fueron ametrallados con sus propias armas.

Al llegar la noche, los judiciales quedaron tirados en el playón de Cahuapan un 1 de noviembre de 1985. Eran 21 cadáveres entre guías, lancheros y policías, nadie los pudo salvar.

La confusión de La Víbora

Hace 28 años, en un paraje conocido como La Piedra, en la comunidad Llano de La Víbora siete agentes murieron a manos de militares mientras eran confundidos con narcotraficantes.

La historia inicia un 6 de noviembre de 1991, cuando a la 1:00 de la tarde (según el archivo de la Comisión Nacional de Derechos Humanos) personal del Ejército Mexicano arribó al llano de La Víbora, perteneciente al municipio de Tlalixcoyan, para establecer un grupo de vigilancia.

A las 11:30 de la noche del mismo día detectaron la llegada de un camión Ford XLT, modelo 1989, de 3.5 toneladas, con placas del Estado de México, y una camioneta Dodge “Prospector” con placas del Estado de Puebla.

Marcaron el alto a los dos tripulantes del vehículo Ford quienes dejando las luces altas encendidas lo abandonaron a toda prisa. Uno de los dos sujetos logró abordar la camioneta “Prospector” dándose a la fuga inmediatamente. La otra persona logró evadir a los elementos del Ejército y, a pie, logró llegar hasta la carretera y de ahí, en otro vehículo, al puerto de Veracruz.

El vehículo Ford XLT fue inspeccionado por los elementos del pelotón, encontrando 8 tambos con capacidad de doscientos litros, conteniendo gasavión, 15 bidones con capacidad de sesenta litros cada uno de gasavión, y 3 bidones de 60 litros que se encontraron vacíos y uno de ellos con un agujero en el tapón; una bomba de agua con motor a gasolina marca Kohler de color verde; un pedazo de manguera color negro de aproximadamente 1.80 metros, así como una manguera de 1.5″ de grosor, entre otros elementos.

Con el fin de asegurar el vehículo y sus contenidos, fue conducido algunos metros más adelante y “atascado”, de modo tal de impedir su circulación.

El día 7 de noviembre, aproximadamente a las 01:10 horas, el subdirector de Intercepción Aérea de la Procuraduría General de la República se comunicó el jefe de grupo de la Policía Judicial Federal para ordenarle que alertara al personal a su mando y preparara dos aviones para efectuar la intercepción de un vuelo sospechoso, y uno más para el traslado de personal de la Procuraduría General de la República.

Esto tras recibir información acerca de un avión procedente de Sudamérica, el cual se encontraba en esos momentos frente a las costas de Nicaragua y se dirigía hacia el territorio nacional. A las 02:40 horas se activó el operativo denominado “Halcón”, despegando de la base de Mérida los aviones rastreador e interceptor.

La nave sospechosa venía de Centroamérica y se encontraba volando a unas millas de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Como apoyo a las dos aeronaves de la PGR que se encontraban persiguiendo a la aeronave sospechosa, despegó de Tapachula el avión Turbo Comander.

La avioneta Cessna 210R “Centurión”, matrícula XA-LAN, sobrepuesta, ya que tal matrícula corresponde a un avión Lear Jet 35H, propiedad de la Compañía Avemex S.A sobrevoló aproximadamente 45 minutos el llano de La Víbora y aterrizó a las 6:50 horas el 7 de noviembre de 1991.

El reporte indica que dos personas bajaron de la aeronave Cessna y se dirigieron hacia el sitio en que se encontraba el camión que contenía el gasavión, es decir, en la misma dirección en la que estaba situado el campamento militar. Se trataba de una mujer de pelo rubio y un varón de aspecto afromestizo.

Los dos presuntos narcotraficantes se percataron de la presencia de personal del ejército y se desplazaron rápidamente sobre sus pasos, dando la espalda a los soldados y en dirección opuesta al aterrizaje del avión.

“Refieren los elementos del pelotón que marcaron el alto a los sujetos sospechosos, pero no dispararon contra ellos porque les daban la espalda y se percataron de que tales sospechosos no portaban “armas largas”, y que en tales condiciones tienen instrucciones de no disparar.”

Ocho minutos después de que aterrizaron los presuntos narcotraficantes, aterrizaron los federales que les seguían los pasos.

A bordo del avión King-Air viajaban 10 personas: el piloto, el copiloto, el comandante y siete agentes de la Policía Judicial Federal.

Tras descender para revisar la aeronave en la que viajaban el hombre y la mujer se inició una balacera entre los elementos del Ejército Mexicano y los de la Policía Judicial Federal (que no se ha precisado quién inició) en la que los siete agentes resultaron muertos y un elemento del Ejército resultó con lesiones.

Estas dos matanzas como parte de dos operativos para combatir al narcotráfico en territorio veracruzano dan cuenta que en la historia de la entidad no hay precedente de una masacre a civiles desarmados como la que se presentó en el municipio de Minatitlán.