(XI. Choque y despoblamiento)

Rodolfo Chena Rivas

Diversos estudios señalan una fuerte crisis demográfica en Mesoamérica a partir de la conquista y las acciones de “rescate” (de oro) de los conquistadores. Nicolás Sánchez Albornoz, en “La población de América Latina. Desde los tiempos precolombinos hasta el año 2000” (1973), resume así el cálculo inicial de la población mesoamericana en torno a 1500: “las estimaciones varían entre 8.5 millones para Knocher, primero 11 y luego 25.2 de Cook y Borah, 13 para Rosenblat, 40 y 50 de Rivet y Sapper y 90 a 112 millones de habitantes según Dobyns”. Por ejemplo, Cook y Borah, en “Ensayos sobre historia de la población: México y el caribe” (1977), calculan que de 1518 a 1568 la población del México central pasó de 25.2 millones a 2.6 millones de habitantes: La tesis homicídica atribuye a las espadas españolas la muerte masiva de indígenas; la tesis epidémica ve las causas en enfermedades no conocidas en América que trajeron los europeos (viruela, sarampión, gripe). La tercera posibilidad conjunta las dos: enorme mortalidad por combinación de homicidios, epidemias y hambrunas.

La mortandad por epidemias o hambrunas está bien sustentada en testimonios, crónicas y pictografías de entonces; la tesis homicídica también, a manera de “leyenda negra”, y su polémica radica en su mayor o menor mortalidad estadística, ante la indefensión tecnológica de los indígenas que los dejó expuestos a la ambición y a la superior capacidad guerrera hispana. Esta última hipótesis encuentra su mejor apoyo en el padre Bartolomé de Las Casas, que hace una escalofriante narración de los contactos iniciales entre españoles e indígenas, sojuzgados mediante prácticas de esclavización y abusos en su integridad física, cultural y emocional. En la “Brevísima Relación de la Destrucción de las Indias” (1552), De Las Casas describe masacres: “…en tanto grado que habiendo en la Isla Española sobre tres cuentos [millones] de ánimas que vimos, no hay hoy de los naturales della docientas [sic] personas. La isla de Cuba es cuasi tan luenga [larga] como desde Valladolid a Roma: está hoy cuasi despoblada. La isla de San Juan y la de Jamaica, …ambas están asoladas…Daremos por cuenta muy cierta y verdadera que son muertas en los dichos cuarenta años … más de doce cuentos de ánimas, hombres y mujeres y niños…La causa ha sido por tener por su fin último el oro y henchirse de riquezas en muy breves días…porque han muerto y destrudido tantas y tales y tan infinito número de ánimas”. Las Casas es categórico: “Los cristianos, con sus caballos y espadas y lanzas comienzan a hacer matanzas…Entraban en los pueblos ni dejaban niños, ni viejos ni mujeres preñadas ni paridas que no desbarrigaban y hacían pedazos…Hacían apuestas sobre quién de una cuchillada abría el hombre por medio o le cortaba la cabeza de un piquete o le descubría las entrañas. Tomaban las criaturas de las tetas de las madres por las piernas y daban de cabeza con ellas en las peñas…”. Brutal testimonio ¿polémico? No es asunto de estadísticas, sino de lesa humanidad. Cook y Borah apuntan que la población de 3 o 4 millones de La Española “se extinguió en unas cuantas décadas”. Un conocido historiador contemporáneo, Ernst H. Gombrich (“Breve historia del mundo”, 1999), para referir a estos hechos y otros inmediatos de esa época, escribió: “Este capítulo de la historia de la humanidad es tan terrible y vergonzoso para nosotros, los europeos, que prefiero no hablar de él” …Seguiremos.