Alma grande

Ángel Álvaro Peña

 

Las miradas dirigidas a la Profeco desde los últimos meses del sexenio pasado forzaron la salida de quienes debieron no sólo concluir con el sexenio sus operaciones sino escapar de la acción de la justicia.

Trataron de evadir la mirada de los nuevos funcionarios y de esconderse ante los señalamientos de cientos de gasolineros que intentaron denunciarlos. Ahora, ante la necesidad de hacer una purga a los inspectores, fueron despedidos y esperemos que sean investigados y sancionados.

La necesidad de contar con un verdadero árbitro en el comercio del país fortalece no sólo la democracia sino la voz de la población que ahora cree en sus autoridades como hace mucho tiempo no lo hacía.

Francisco Ricardo Sheffield Padilla empezó a limpiar Profeco, corrió a todos los inspectores de la gasolina y gas, que se habían convertido en un cáncer y esperemos siga con la limpia y saque la mafia que ha sobrevivido durante décadas.

Durante mucho tiempo las extorsiones de Profeco sirvieron para acumular dinero, para canalizar recursos a las campañas políticas del PRI, así Profeco ocupó la calidad de caja chica que antes tenía la Lotería Nacional, que mucho tiempo sirvió para fortalecer también la guerra sucia.

Una vez que la Lotería dejó de tener las ventas que acostumbraba, en lugar de fortalecer la institución de interés social, fijaron su mirada e intereses en la Profeco donde los inspectores tenían la misión de recabar fondos. Por mucho tiempo estuvo en manos de gente del Estado de México y de Nuevo león, hasta el cambio de gobierno.

La depuración de la Profeco es indispensable para que la población no se vea afectada en el consumo, situación que debe ser resguardada de ahora en adelante, sin importar cuántas limpias sean necesarias.

Esperemos que el nuevo procurador siga con esa actitud de limpiar la cueva de Ali Babá que significó para priistas y panistas este lugar que debió estar al servicio de la población y no de unos cuantos.

Los inspectores de Profeco tendrán muchas historias que contar a los funcionarios actuales, seguramente más de uno se vio obligado a extorsionar, pero todo eso debe salir a la luz en un gobierno donde la transparencia presente, pasada y futura debe ser una regla de oro.

Las investigaciones deben ser parte de la transparencia porque los mexicanos tenemos derecho a saber todo lo que sucedía ahí. Denunciamos, en su momento, la manera en que operaban estos inspectores que debían entregar el producto de sus “ganancias” a sus jefes para destinar millones de pesos en objetivos poco claros.
Así, la Profeco deberá ser ahora un bastión de honestidad para que los mexicanos confíen de nuevo en sus autoridades y, sobre todo, en las instancias creadas para su beneficio.

La tarea de limpieza en Profeco no ha terminado. Debe ir más profundo.