Astrolabio Político
 Por: Luis Ramírez Baqueiro

“En materia de conciencia, la ley de la mayoría no tiene lugar.” – Gandhi.

 Alejandro Rojas Díaz Durán sabe y conoce perfectamente de política, alumno predilecto de Porfirio Muñoz Ledo –una de las pocas mentes más lúcidas de la política nacional- y compañero de fórmula de Ricardo Monreal en el Senado, reta a la denominada nomenclatura estalinista como el la llama y busca la dirigencia nacional de Morena.

Evidentemente ha encontrado todo el rechazo de la autonombrada líder nacional de su partido Citlali Ibáñez Camacho, alias Yeidckol Polevnsky Gurwitz, quien ya le endilgo y preparó un proceso de expulsión del que muchos afirman no habrá de salir bien librado.

A pesar de ello, llega este jueves a Veracruz este político formado al amparo de personajes de la política nacional con visión de estadistas, que quizá siguen siendo los contrapesos que no se ven en el rumbo que el presidente López Obrador impone a este país.

Viene a platicar con la militancia, pero sobre todo con la sociedad veracruzana, a tomarle el pulso a lo que él como muchos buenos políticos si ven, la realidad maquillada gracias a la popularidad presidencial es una cosa, la consolidación de Morena como partido otra, totalmente opuesta.

El proyecto de transformación social impulsado por Andrés Manuel López Obrador tiene al interior de Morena retos sumamente importantes que consolidar.

El tsunami electoral o la revolución social por el impulsada, dista mucho de ser aun el producto de un partido político consolidado, bien definido e ideológicamente maduro.

La realidad en los hechos es que todos cuantos arribaron a una responsabilidad social como representantes populares en los tres procesos electorales en los que ha participado Morena, tienen una altísima carga de dos cosas: el hartazgo social a los partidos establecidos (PRI, PAN, PRD, MC, PVEM) y la inmensa popularidad de AMLO, ganada a base de machacar y machacar la repetición de un discurso en contra de la dichosa corrupción.

Bajo ese primogénito escenario, repetido e incrementado al paso de los procesos electorales que en Veracruz han tenido a Morena en la boleta electoral, es como se puede explicar su impresionante crecimiento en los resultados comiciales.

Aunado al factor Peña Nieto y Javier Duarte –el primero tremendo corrupto que en cualquier parte del mundo estarían purgando sendas condenas por enriquecimiento ilícito, asociación delictuosa, lavado de dinero, y más linduras- el segundo pagando con cárcel los excesos de su paso por el poder, que potencializó la oferta de Morena cual tabla de salvamento en medio de una tempestad, es como se explica simple y llanamente sus logros.

Desgraciadamente la vida democrática de nuestro país avanza cual avanza el tiempo en el reloj y la cita con el electorado está ya a la vuelta de la esquina, el 2021 pareciera estar lejano, pero no es así.

Morena de tal suerte se juega en esta importante elección el refrendo y consolidación social que todo partido político que se jacte de serlo demanda para afianzar su futuro como ente político de transformación.

Eso lo saben perfectamente bien algunos de sus integrantes, que ajenos a la parafernalia creada entorno a la figura presidencial, saben que es momento de hacer de Morena el instituto político que responda a una sociedad cansada de faltar a las promesas de campaña.

En Veracruz, Morena tiene una cuenta pendiente que resolver, el arribo de sus legisladores al Congreso Local, confirmó el factor de hartazgo social que comenzaba a expandirse cual cáncer en la sociedad.

Los resultados por ellos esperados legislativamente hablando, quizá no fueron del todo los más adecuados, a pesar de ello, arrasaron con el respaldo de la imagen del hoy presidente, confirmando que es con la sociedad con quien tienen una deuda muy grande aun sin pagar.

De la mano, la llegada de Morena a los gobiernos municipales agravó a un más el reto y la deuda social, pues a más de un año seis meses al frente de las administraciones como Xalapa, Coatzacoalcos, Minatitlán y Poza Rica el cambio tan prometido no se ve por ningún lado.

El rezago en servicios públicos, la ineficiencia y eficacia administrativa, la constante problemática con grupos sociales, el descontrol del crimen organizados y la falta de seguridad, la incapacidad en el manejo de residuos sólidos y basura, han marcado a estas administraciones como las peores en los últimos años.

El fundamento de culpar al pasado reciente, tiene hasta la madre a la población que lamenta airadamente haber votado por ellos.

Eso lo saben algunos al interior de Morena y ven por ello el momento propicio para dar un cambio de timón a la conducción nacional del partido.

El caso Veracruz es cosa aparte, el cuarto bastión electoral del país ganado por Morena parece desvanecerse ante la inoperancia política e incapacidad administrativa del actual gobierno.

Su gobernador Cuitláhuac García Jiménez –hombre bien intencionado, que no político- se hizo rodear de personajes indeseables, gente sin conocimiento de la cosa y la función pública, sin sentido de la gobernanza y la gobernabilidad, algunos más gorilas que funcionarios, otros más asnos que especialistas, navegan una flota que va directo a pique.

La sociedad hastiada de escuchar quejas, culpas y responsabilidades al pasado inmediato, del pasado de corrupción de Javier Duarte, se recriminan de porque votaron por esta oferta política.

La relación prensa – estado fracturada totalmente, al amparo de imponer autoritariamente una sola visión de las cosas, un estás conmigo o estás contra mí, se alzan como sello distintivo de la casa.

Una nueva forma de pretender imponer el beneficio social por encima de todo, sin razón, sin justificación, más que la de saldar la deuda histórica con los que menos tienen, como si verdaderamente esa fuera la solución a todos los problemas estructurales del país.

Así pues, llegará este jueves Alejandro Rojas Díaz-Durán a Xalapa a empaparse del sentir ciudadano respecto a Morena, que esperemos sirva para encausar a un gobierno estatal que da tumbos sin que ninguno de sus integrantes ayude en nada a su gobernador y mucho menos a su presidente.

Al tiempo.

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