CAMALEÓN

 

Gran expectación causó la renuncia de Germán Martínez a la Dirección del Instituto Mexicano del Seguro Social, ya sea porque no se esperaba un evento así casi en el arranque de un nuevo gobierno o por las características del renunciante y la misiva justificadora de su alejamiento del cargo. Esta es una auténtica renuncia no una remoción, de suyo importante, pero más trascendente es el contenido de la carta-diagnóstico que revela el preocupante estado en que se encuentra el sector salud de este país en la era de un gobierno cuyo postulado pregona “primero los pobres”.

Aunque con implicaciones diferentes, en su tiempo, el presidente López Portillo (1976-1982) pidió la renuncia a los titulares de Hacienda y de Programación y presupuesto porque ambos sostenían posiciones encontradas acerca del gasto público, uno (Carlos Tello Macías) quería gastar, implementar programas, el otro controlaba y retenía el gasto (Rodolfo Moctezuma Cid), el presidente cortó por lo sano y se despidió de ambos, en un movimiento que acondicionó la llegada de Miguel de la Madrid a la presidencia de la república cinco años más tarde.

Pero con Germán Martínez resulta diferente, renunció porque el presidente no escuchó sus planteamientos sobre la problemática por la que atraviesa el IMSS y trasciende al Sector Salud en general, impactando por consecuencia a quienes acuden en busca de salud a las instituciones del sector público, los más pobres, pues. No lo escuchó López Obrador porque Hacienda sigue a pie juntillas sus instrucciones, ahorrar, ahorrar y ahorrar, a costa de lo que sea, ¿para qué? dicen que para Pemex.

En su renuncia a la Dirección del IMSS, Germán Martínez corre el velo que oficialmente es considerado como tabú pero que la derechohabiencia conoce a detalle porque acude en busca de salud y da cuenta de las difíciles circunstancias que rodean a una de las instituciones de salud más señeras de México, y es factor de estabilidad social, lo pinta bien el renunciante: “Mientras se discute la remodelación del IMSS, muchos trabajadores siguen sin certeza laboral, otros sin contrato, algunas vacantes aumentan, el rezago en infraestructura es brutal (en 2019 prácticamente está en 0 por ciento el avance de obras y el pago a proveedores), los contratos y convenios de servicios se rezagan, y algunos están por vencerse sin horizontes de legalidad y eficiencia, las compras de equipamiento paradas, las reclamaciones y litigios aumentan; y si bien el abasto de medicamentos está garantizado, es precario y en algunos lugares pende de un hilo (…). Pasillos de espera llenos de personas adoloridas y mal trato o retraso en la atención a pacientes”.

Allí está el IMSS al desnudo, y puede empeorar si por “salvar” a Pemex y construir Dos Bocas siguen “ahorrando” en áreas tan estratégicas como las de la salud. Pero de algo más sirve la denuncia de la renuncia, porque once de los trece Directores de Institutos Nacionales, Cancerología, Neumología, Pediatría, Neurología, etc., ya alertaron sobre las graves consecuencias de los recortes en sus respectivas áreas, está en riesgo la alimentación a pacientes, la suspensión de subrogados, diferimiento de consultas, cero contrataciones de personal, son solo algunas de ellas, todas de importancia capital.

“Somos diferentes, no somos iguales” insiste el presidente para enfatizar que su propósito es consolidar la instauración de un nuevo régimen, curado de corrupción y simulaciones, pero, si bien todo parto es doloroso, en este caso debieran medirse las consecuencias porque está de por medio la salud y vida de miles de mexicanos. Difícil sin duda es la situación del sector salud, mucho fue heredado, pero la crisis es actual y ha sido provocada por decisiones erróneas del actual gobierno.

Antaño, suponer siquiera la posibilidad de que alguien desmintiera al presidente de la república mexicana significaba una utopía y temeridad con serias consecuencias para quien así lo intentara; pero el escenario ya cambió, según se ve, pues Joel Ayala, secretario general de la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado (FSTSE), asegura que en el sector salud ha habido 10 mil despedidos, contrario al dicho presidencial que asegura todo lo contrario. “En la Secretaría de Salud tenemos entre médicos y enfermeras alrededor de 10 mil bajas entre los que están en los institutos nacionales de salud, Hospital Infantil, Hospital General, Hospital de la Mujer, están documentados”, dijo Ayala a Azucena Uresti, de Radio Fórmula. Que se sepa, Ayala no forma parte del “hampa del periodismo” pero pone en tela de juicio aquello de que “nosotros no mentimos”.

Y aquí radica una de las sustanciales diferencias de actitud entre un opositor al gobierno (como lo fue López Obrador) y quien ejerce el poder, porque no es igual un López Obrador echando pestes mirando al balcón, que un López Obrador ya presidente, pero utilizando el mismo discurso, ahora desde el balcón mirando al llano, porque ya es palabra de presidente, no de quien aspira a serlo.