Cuando usted le ponga atención a algún periodista y note que hay una insistente campaña en contra de algún personaje, aunque este último le parezca a usted que no es merecedor de los ataques o diatribas de que es objeto, deténgase un momento a reflexionar que quizá las motivaciones que existan para la campaña negra, sean de carácter económico.

Desde la noche de este jueves se ha publicado en numerosos medios de comunicación una lista de 26 comunicadores que presuntamente fueron privilegiados con la transferencia de cientos de millones de pesos por la Presidencia de Enrique Peña Nieto. Tómese el tiempo de analizar cuál es ahora la línea que mantienen los ahí indicados con el nuevo gobierno, y extraiga sus propias conclusiones.

En el caso de alguna prensa se reproduce lo que ocurre en el seno de ciertas confesiones cristianas, que mientras propalan espiritualidad, pureza y castidad, sus ministros hacen exactamente lo opuesto. Así algunos periodistas, que pretenden objetividad e imparcialidad, mientras inducen sus notas, análisis y comentarios hacia fines poco honorables.

Sin embargo, el propio Presidente lo aclara, una cosa son los “chayotes” o sobornos, y otra cosa son los contratos publicitarios para difundir la obra y acciones del gobierno. En el caso referido, se trata, desafortunadamente, de lo primero.