Dialogando

Por: Abel Domínguez Camacho

 

                                                                                      “Se nos fue la Camacha”

 

La madre siempre ocupa el lugar más importante de nuestras vidas, aprendió a mimarnos desde el vientre durante nueve meses y de allí el resto de tus días, nuestra madre tiene un valor no medible o millones de medidas y, en función de ello, cada quién asume un valor e importancia en el universo, valemos por el amor que la madre nos profesa y por el amor con que la madre nos enseñó. Hay dos cosas que el mexicano no aguanta, que le quieran ver la cara de pendejo- como ahora lo hacen a diario por las mañanas y no sé qué está pasando con ese mi México- y, que te insulten con una mentada de madre, eso es fatal. Vidas se ha perdido por ello.

 

“Fulano, zutano, perengano, tú diablo te estoy hablando”, ese era el grito de guerra de la jefa cuando me buscaba para algo, a sabiendas de que era a mí a quién buscaba, hacía mi aparición ahí a su pie, listo para recibir alguna indicación o baño por alguna tarugada, claro, realizada por mí o al menos eso creía ella hasta la aclaración correspondiente. Mis llegadas a casa eran con el grito, ¡madre del hijo!, para provocar su respuesta ¡hijo de la madre¡, invariablemente, hasta que se le dificultó hablar.

 

Aunque crecimos en un régimen patriarcal autoritario-liberal, la jefa era la jefa; desde pequeño entendí el significado y la importancia de quién le habla al oído al que cree que manda, por eso era la jefa y sutilmente ejercía su autoridad, amorosa y comprensiva, diferente al viejo, enérgico y aparentemente distante. Desde pequeño aprendí  que de la mujer vengo, por la mujer vivo y por la mujer muero, además, un principio que rige mi vida.

 

Es tan importante el papel de la madre y tan amplia la connotación de esa palabra MADRE, que lo mismo decimos que esto o aquello está a toda madre o está de la madre, cuando de lo contrario se trata; me siento a toda madre o estoy hasta la madre; está poca madre o qué poca madre tienes; la persona enojada, que se siente traicionada, agraviada…ocasionalmente solamente alcanza a decir: ¡no tienes madre!, con eso ya dijo todo, te dijo que no tienes sentimientos, que no tienes valores, aquellos que provienen de la madre.

 

La mujer juega un papel importante en la vida cotidiana de los individuos, para bien o para mal siempre lo rodea el halo protector maternal, somos sus criaturas preferidas, Madre, hermana, amiga, novia, esposa, otra amiga…siempre está presente y siempre con el espíritu maternal que les caracteriza. La que escucha y calla, la que llora en silencio en la soledad, siempre hay un rincón de la casa para ella u otro rincón. Calla, amorosa y abnegadamente, hasta que recibe la oportunidad de manifestar su sabiduría y su gran amor, maternal.

 

Una mirada, el silencio que habla,  una caricia son suficiente expresión de esa sabiduría y por qué no, ocasionalmente un sopapo bien ganado, es suficiente manifestación. La mía olvidaba mi nombre en los momento del llamado de atención: “fulano, zutano…tú diablo te estoy hablando, terminaba diciendo…”

Ruco, firme y preciso, contundente se dirigía a mí cuando ella tenía unas palabras de consuelo, de aliento, de apoyo, como todas las madres, era sabia.

 

Sabia y sabía de qué pata cojeaba cada uno de los perrillos, siempre una solución diferente, claro para una personita diferente; el travieso, el presumido, el amoroso y dócil y, la oveja negra, pobre de mi madre y de otras madres.

 

Todas las mujeres en la vida, que seguramente son madres, han jugado y juegan un papel en nuestras vidas; la amiga atenta a la conversación y a proporcionar  una respuesta puntual, cuidando el riesgo de no equivocarse, de no confundirse o confundirlo; la novia siempre embobada cuando enamorada, claro, y dispuesta al consuelo no prohibido, no inmoral (¡oh por dios!); la otra amiga, la del verano de tu vida que se la juega siempre en la raya y en la raya se muere, está siempre y nunca está, la que te ama sin condiciones-eso dice ella-pero te ama a condición de…y aunque digas “yo no te prometí un jardín de rosas”,  adentro estás.

 

La esposa en medio de ese doble papel, esposa y madre, según el caso-uf qué difícil-por eso se la ganan para toda la vida, mujer madre, madrecita allí estás siempre.

 

Recuerdo hoy a todas las madres, a mi madre que apenas en noviembre pasado se dejó ir, ya muy cansada nos reunió a todos, ella generó el mecanismo para tal fin y nos congregó, ya no era posible que te mirara, ya no escuchaba, pero si pudo sentir cuando ya estuvimos los seis juntos, al pie de su lecho, acto seguido, se dejó ir, ya no aguantaba tantos años de cama y de la soledad en que su organismo la encerró. Se fue tranquila, fue llamada a cuentas y estoy seguro que está entregando buenas cuentas con aquél. Hasta pronto ¡madre del hijo!.