La embestida es completa, frontal y pública contra el fiscal general del Estado, Jorge Winckler Ortiz. El aparato político y de seguridad de la Administración Pública, lo mismo que el Poder Legislativo sólo tienen un objetivo que hacen manifiesto un día sí y otro también, que es derrotar al yunista funcionario obligándolo a que abandone su cargo.

Que por cierto, el papel de Winckler ha sido deplorable. Un verdadero y necio payaso carente de sensibilidad y oficio que desde las primeras semanas dio pie a la burla y el chacoteo, aparte de no resolver nada. Ni siquiera el gran tema del régimen pudo sacar adelante, que fue el encarcelamiento y devolución de la inmensa riqueza que se robaron los funcionarios duartistas. Casi todos han sido liberados y ha sido nimia la recuperación de sus raterías.

Pero dos aspectos deben preocupar a los veracruzanos. El primero es que si Winckler se va ¿a quién le va a echar luego la culpa el régimen por la violencia que siga habiendo? Porque el estado de cosas no mejorará con la dimisión del actual fiscal. Las causales son más profundas.

El segundo es ¿quién sería propuesto para relevarlo? La experiencia reciente con miembros del gabinete y magistrados no es alentadora para esperar que haya propuestas de calidad.