David Quitano Díaz

Muévete de tu zona de confort. Sólo puedes crecer si estas dispuesto a sentir incomodidad cuando pruebes algo nuevo.

Brian Tracy

Bien podría iniciar el presente escrito con que México se encuentra en el lugar tres del ranking de aires más contaminados del mundo, su calidad en el aire ha empeorado de tal forma que la Worldwide Air Quality la calificó bajo una categorización peligrosa con 868 puntos, pero no, comentaré otro tópico, que también tiene que ver con toxicidades, específicamente para el espíritu.

El ser humano siempre se ha encontrado en la disyuntiva, de si desarrollarse en el sentido espiritual o combatir de manera frontal a la diatriba, la intriga, la ignominia, condiciones que actualmente persisten como consecuencia de la intensidad de las relaciones a través de la diversas plataformas digitales.

Estar persistentemente preocupado, nos adentra a una jaula que limita que podamos disfrutar el instante, aspecto que impacta colateralmente en los esquemas perniciosos como son la frustración, y de ahí emana posteriormente el enojo, llevando en un tercer momento a la infelicidad.

De esa manera, es que el análisis cognitivo comienza a tomar relevancia en todos los ordenes de nuestra vida, por ejemplo cada vez mas universidades encabezan a ponderar más el control emocional que las calificaciones, o las empresas supervisan como se expresan en sus redes sociales para advertir si contratan o no a una persona, debido a que en términos promedio las redes sociales son una extensión de la personalidad.

Según el Foro Económico Mundial “ Cuando la inteligencia emocional apareció por primera vez a las masas, sirvió como el eslabón perdido en un hallazgo peculiar: las personas con coeficientes intelectuales promedio superan a los que tienen el cociente intelectual más alto el 70% del tiempo”.

Refrenda el mismo portal que esta anomalía arrojó una llave enorme a lo que muchas personas siempre habían supuesto que era la única fuente de éxito: el coeficiente de inteligencia. Décadas de investigación ahora apuntan a la inteligencia emocional como el factor crítico que diferencia a los artistas estrella del resto del grupo.

Talent Smart probó la inteligencia emocional junto con otras 33 habilidades importantes en el lugar de trabajo, y descubrió que la inteligencia emocional es el mejor predictor de rendimiento, lo que explica un 58% de éxito en todos los tipos de trabajos. Su inteligencia emocional es la base de una serie de habilidades críticas: impacta la mayoría de todo lo que hace y dice cada día.

Ante dichas circunstancias, fluyen mares de obras sostenidas en la necesidad de sanar nuestras emociones, debido a que esto implica prepararnos a nosotros mismos para liberarnos de las emociones negativas y tóxicas que, en definitiva, no nos ayudan a encontrar una solución.

Pero diversas obras que he tenido la oportunidad de revisar, destacan que para que ese saneamiento se dé, es preciso tener una autoliberación, una desprogramación  de todos aquellos discursos, conductas o hábitos que nos tienen mal. Hasta llegar a entender que todo lo que tenemos es un regalo muy especial, y a partir de eso poder salir a luchar por mejores cosas.

A fin de que toda visión que se sustenta en la autoflagelación se deje atrás hasta llegar al entendimiento de que avanzar sin obstáculos es un avanzar frágil. Vivir al compas de la Metanoia, que quiere decir despertarse y no perderse en la vida. Es vivenciar el presente.

Por ejemplo Anthony de Mello en su obra “Autoliberación interior”, menciona que lo importante es ser capaz de darte cuenta de que no eres más que un yo-yo, siempre de arriba para abajo, según tus problemas, tus disgustos, o depresiones; que eres incapaz de mantener una estabilidad.  Toda esa actitud solo depende de tu programación.

No cabe duda, que el gran tema es cómo sanar el contexto tóxico y ser libres para tener paz interior, y así ser más plenos y productivos. En mi próxima entrega mencionaré más al respecto.